Por David Uriarte

 

Desde la biología, el nacimiento es producto de la concepción, desde la psicología, concebir o engendrar una idea implica operar de manera objetiva lo abstracto. Lo anterior significa que la política es una abstracción, es resultado exclusivo de la inteligencia, de la capacidad de problematizar los temas de interés social.

Hay ideas cuya concepción surge de la problemática crónica, de los fenómenos enquistados en la sociedad como la percepción de inseguridad que vive en gran medida el país.

Las alternativas surgen de la lógica, se clasifican según su viabilidad más que su pertinencia, es decir, no siempre se cuenta con recursos técnicos o financieros para yugular las crisis generadas por delitos de alto impacto.

Los políticos en turno de manera cíclica buscan las alternativas buenas, bonitas y baratas, las maneras de dar resultados medibles a la sociedad cansada de esperar la hora de la verdad, la hora de la tranquilidad, la hora de la convivencia social en paz.

O se encuentra una forma de regular el cerebro del que delinque, o se buscan los recursos para soportar una infraestructura de vigilancia policíaca 24/7 a todos los habitantes del territorio que se quiera controlar.

Ni la primera ni la segunda idea son viables, es decir, es imposible regular la expresión emocional y el control de los impulsos, la ira y la frustración de los ciudadanos, también es tarea difícil mantener una vigilancia estrecha 24/7 a todos los habitantes de una ciudad por pequeña que sea.

Como la economía es una variable compleja y difícil de resolver en países en vías de desarrollo, entonces la mejor alternativa es la intervención en los entes de la conducta, en los ciudadanos que trasgreden la ley ya sea por aprendizaje o por una psicopatología desarrollada en el seno de una familia biológicamente criminógena.

Ante este escenario criminógeno, los gobiernos municipales conciben ideas diferentes, divergentes a las ideas de coerción y represión, ideas que promueven las fortalezas de una comunidad como medida alterna.

En poco tiempo la concepción de las ideas deberá dar fruto, se romperán paradigmas y se construirán nuevos, veremos la fecundidad de la concepción política.