El fenómeno digital escala a las calles de las principales capitales y reabre el debate sobre la autopercepción


El fenómeno de los therians desbordó los límites de internet para instalarse en el espacio público de ciudades como Buenos Aires, Lima, Santiago y Ciudad de México. Esta comunidad agrupa a personas que se identifican de forma profunda e involuntaria con un animal específico, lo cual genera un intenso debate en redes sociales y entornos urbanos. El movimiento, popularizado recientemente en TikTok e Instagram, cuestiona las fronteras de la identidad humana frente a la percepción espiritual y psicológica.

 

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Un therian afirma poseer una conexión interna con especies como lobos, felinos o aves, bajo la premisa de que su esencia trasciende lo estrictamente humano. Esta identificación no implica necesariamente una creencia en una mutación física, sino que se manifiesta como una vivencia simbólica o subjetiva. Quienes integran esta subcultura no solo adoptan vestimentas alusivas, sino que, en diversos casos, replican comportamientos propios del animal con el que se identifican.

Etimológicamente, el término proviene del griego antiguo therion, que significa “bestia” o “animal salvaje”. De esta raíz surge la “terantropía”, una palabra compuesta por therion y anthropos (humano) que alude a la transformación o combinación entre ambos en mitologías antiguas. Ejemplos de esta transición aparecen en la cultura egipcia, las tradiciones chamánicas y la mitología griega, donde dioses como Zeus adoptaban formas animales.

El uso contemporáneo del concepto se consolidó en foros de internet durante la década de 1990. En esos espacios digitales, las comunidades pioneras definieron sus identidades no humanas y se distanciaron de la mitología clásica para enfocarse en la experiencia personal. Actualmente, el término forma parte de una subcultura más amplia denominada Otherkin, la cual incluye identidades vinculadas a seres mitológicos, fantásticos o incluso alienígenas.

Aunque la tendencia cuenta con décadas de existencia en la red, su reciente viralización masiva reaviva las discusiones sobre salud mental, espiritualidad y libertad de expresión.

La sociedad observa con curiosidad y desconcierto un movimiento que, mediante etiquetas nuevas, busca dar nombre a una sensación de pertenencia ajena a la especie humana. El impacto de estas comunidades en la percepción social de la identidad permanece como un tema abierto a la interpretación ciudadana.