Por David Uriarte /
Los acontecimientos mundiales motivan a la industria del espectáculo y el entretenimiento; los cineastas poseen mucha tela de donde cortar e historias que sorprenderían a cualquier público, por más escéptico que este sea. Todo, o casi todo, concluye en tragedia, muertos y más muertos. Las naciones se enfrentan y buscan mantener el poder, apropiarse de territorios extranjeros y obtener la riqueza ajena; ahora incluso pretenden comprar países e indemnizar a sus habitantes.
No cabe duda de que el protagonista de este escenario es Estados Unidos y su presidente, Donald Trump, mientras Rusia y China se mantienen en la cima de los países que buscan la hegemonía económica. México no permanece ajeno a los movimientos de poder mundial. Tener de vecino a la nación más poderosa del mundo representa fortaleza y debilidad: fortaleza por ubicarse bajo la sombra y vigilancia del poderío armamentista del norte; debilidad ante la tentación de su presidente de repetir modelos de invasión o control.
Poco a poco, la información deja de ser ficticia y cobra sentido. La intromisión de Estados Unidos parece instalar su residencia en México. Drones, aviones, buques y elementos de inteligencia de todas las agencias gubernamentales abandonan la discreción para convertirse en evidencia palpable. Parecen cubrirse con el abrigo del cinismo al exhibir lo único que necesitan: «el permiso y la instrucción de su presidente Trump».
Tal como ejecutaron la toma del palacio de Miraflores en Venezuela, donde sacaron literalmente a su presidente como un muñeco indefenso, así pueden materializar cualquier acción contra México y sus autoridades. Esto genera una cuota de miedo en la población general: ¿Cómo y cuándo ocurrirán las primeras acciones evidentes del país vecino en contra de México?
Por lo pronto, exigieron la entrega de objetivos prioritarios; ya tienen en su poder a varias veintenas de ellos y quieren más. Diariamente ocurren operativos, algunos discretos y otros con mucho ruido mediático, tanto en la ciudad como en el área rural.
Lo cierto es que el grado de inteligencia y el poder de fuego resultan impresionantes, con despliegues quirúrgicos donde a veces no disparan ni un solo tiro. Venezuela no lo creía, y muchos mexicanos tampoco creen que dentro de poco veremos un desfile de detenidos que incluirá a elementos de la clase política.
No es una película.














