
Ciudadanía, empresarios, organizaciones civiles y diversos colectivos convocan a una movilización para exigir paz y justicia, recorriendo desde ‘La Lomita’ hasta la ‘Catedral’ el próximo domingo 13 de septiembre
A dos años del inicio de la crisis de violencia que impacta a Sinaloa, ciudadanos, empresarios, organizaciones civiles, colegios de profesionistas y colectivos realizarán la segunda edición de “Sinaloa, Ponte de Pie”. La movilización tendrá lugar el domingo 13 de septiembre, a las 08:00 horas, con salida desde Nuestra Señora de Guadalupe, La Lomita, hacia Catedral, en Culiacán, previamente se realizará una misa a las 07:00 horas en La Lomita.
Los organizadores buscan superar los 60 mil asistentes de la primera edición y señalaron que la marcha representa una expresión ciudadana ante las consecuencias de la violencia en las actividades económicas, educativas y sociales del estado. Los participantes vestirán una playera blanca como símbolo de paz, además de rendir homenaje y acompañar a quienes han sufrido los efectos de la inseguridad.
“Somos muchos agremiados, somos muchos empresarios, somos muchos ciudadanos y somos muchos colectivos que queremos demostrarles que aquí está un lugar seguro donde queremos sentirnos el domingo 13 en paz, reconocernos cara a cara”, manifestó Martha Reyes Zazueta, presidenta de COPARMEX Sinaloa. Los organizadores también invitan a grabar videos para compartir experiencias y convocar a más personas.
Los convocantes reiteraron que la movilización no tiene vínculos partidistas y que no busca promover candidaturas ni intereses políticos. A la convocatoria se sumó el obispo de Culiacán, Jesús José Herrera Quiñónez, quien invitó a la comunidad católica, parroquias, instituciones pastorales y educativas, sacerdotes, diáconos, jóvenes y familias a participar.
La Iglesia iniciará su participación a las 07:00 horas con una celebración de la Santa Eucaristía al pie de La Lomita. El obispo pidió a los sacerdotes suspender las misas durante esa mañana para facilitar la asistencia y llamó a no normalizar la violencia. “No podemos acostumbrarnos al dolor ni permitir que el miedo nos robe la esperanza”. También afirmó: “La paz no se construye solamente desde las instituciones. Comienza en el corazón, se aprende en la familia y se cultiva en nuestras comunidades”.














