Este 29 de septiembre, Culiacán conmemora 495 años de la fundación de la antigua Villa de San Miguel de Culiacán, considerada una de las primeras poblaciones españolas establecidas en el noroeste de México. La fecha tradicionalmente aceptada es el 29 de septiembre de 1531, día de San Miguel Arcángel, patrono al que fue dedicado el nuevo asentamiento.
Sin embargo, hablar de la fundación de Culiacán implica mirar mucho más atrás de la llegada de los españoles. Antes de 1531 existían en la región importantes asentamientos indígenas, entre ellos Huey Colhuacan, una población de raíces nahuas que diversos estudios sitúan en las cercanías del actual Culiacancito. El nombre Culiacán proviene precisamente de Colhuacán, vocablo náhuatl que suele interpretarse como “lugar de los que adoran a Coltzin” o “lugar de los colhuas”.
La fundación española estuvo ligada a la expedición de Nuño Beltrán de Guzmán, quien emprendió la conquista de los territorios del occidente y noroeste de la Nueva España. Tras someter a los pueblos indígenas de la región, estableció la Villa de San Miguel, con el propósito de consolidar el dominio español y convertirla en centro de gobierno, evangelización y expansión hacia los territorios del norte.
Los historiadores coinciden en que el lugar exacto de aquella primera fundación no está plenamente documentado. Existen referencias que la ubican en las riberas del río San Lorenzo, probablemente cerca de la actual comunidad de Navito, y que posteriormente el asentamiento cambió de ubicación en varias ocasiones hasta establecerse donde hoy se encuentra la ciudad de Culiacán.
Durante la época colonial, la Villa de San Miguel de Culiacán se convirtió en un punto estratégico para la administración de la provincia de Culiacán y para la expansión de las misiones religiosas hacia Sinaloa, Sonora y las Californias. Con el paso de los siglos, fue adquiriendo relevancia política y económica dentro del noroeste novohispano.
La ciudad también fue escenario de momentos decisivos de la historia nacional. En ella se juró la Independencia de México en 1821 y, una década después, al instalarse el primer Congreso Constituyente del Estado de Sinaloa, adoptó definitivamente el nombre de Culiacán, convirtiéndose en la capital de la nueva entidad federativa.
Hoy, a 495 años de aquel acontecimiento, la conmemoración invita no solo a recordar la fundación colonial, sino también a reconocer la profunda herencia indígena que precedió a la ciudad y que forma parte esencial de su identidad. Culiacán es el resultado de siglos de encuentros, transformaciones y permanencias que han dado forma a una de las ciudades más importantes del noroeste mexicano.















