Por David Uriarte /
En febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una enfermedad que ha enlutado millones de hogares. Este padecimiento figura entre las tres principales causas de muerte en la población general y no respeta estatus social ni geográfico: afecta por igual a personas en pobreza extrema que a millonarios, tanto en el Pacífico como en el Atlántico. Cualquier persona con conciencia de su letalidad teme a esta enfermedad.
Por supuesto, existen variaciones críticas entre los tipos de cáncer. Un diagnóstico de cáncer de piel en etapa incipiente difiere drásticamente de un cáncer de páncreas en etapa florida. Diversas experiencias fatales ilustran la incapacidad del dinero frente a un pronóstico sombrío, situación frecuente en padecimientos diagnosticados tardíamente. La sola palabra “cáncer” produce emociones e impulsos indescriptibles, especialmente en quienes suponían que su edad, estrato socioeconómico o nivel escolar los protegía de un padecimiento de esta magnitud.
No todos los pacientes diagnosticados enfrentan un desenlace fatal. El diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado constituyen herramientas fundamentales para mejorar el pronóstico. En la actualidad, los adelantos científicos, tecnológicos, farmacológicos y quirúrgicos ofrecen tratamientos que logran curar el cáncer en sus fases iniciales.
Sin embargo, los costos de estos tratamientos representan un obstáculo mayor. Existen medicamentos prácticamente imposibles de adquirir, ya sea porque solo están disponibles en otros países o porque su costo resulta inaccesible para la mayoría de los enfermos. Lo mismo ocurre con exámenes especializados como la tomografía por emisión de positrones (PET) o los estudios de inmunohistoquímica; sus altos precios dificultan las maniobras protocolarias de tamizaje.
Más allá del daño a los tejidos u órganos, existe un cáncer que no ataca las células del cuerpo, sino a las células de la sociedad. Este mal también cobra vidas, agota recursos y provoca la pérdida de la paz y la tranquilidad sociofamiliar. El cáncer, en todas sus formas, es peligroso. Por ello, la prevención y el diagnóstico oportuno permanecen como las mejores herramientas para combatirlo.














