Por David Uriarte /
Si la salud, la felicidad, la paz, la alegría y el dinero fueran elementos o condiciones a conjugar, y cada uno tuviera un número progresivo —donde el uno corresponde a la salud, el dos a la felicidad, el tres a la paz, el cuatro a la alegría y el cinco al dinero—, el número de una persona sería 12345. Sin embargo, existen personas que priorizan de manera distinta: pueden poner primero la felicidad, después la salud, la paz, el dinero y finalmente la alegría; su número sería 21354.
La ecuación perfecta o el número que identifica a cada persona depende de sus prioridades, significados, experiencias, aspiraciones y carencias. La distribución de estas variables puede ser parecida, diferente o totalmente opuesta; cada quien experimenta sus necesidades de forma distinta.
También existen perfiles psicológicos y mentales que colocan primero la paz, después la alegría, la felicidad, el dinero y la salud; este perfil sería el 34251. ¿Podría alguien dejar la felicidad como última opción? ¿Y por qué no? Lo que a una persona le gusta o le falta, a otra puede no gustarle, no faltarle o simplemente no significarle lo mismo.
Incluso podría aparecer una ecuación inversa en la que el dinero ocupe el primer lugar, seguido de la alegría, la paz, la felicidad y la salud, con un número 54321. La idea es comprender cuáles son las prioridades individuales cuando se habla de estas variables. ¿Qué es la salud para el enfermo? ¿Qué es la felicidad para quien lo perdió todo? ¿Qué significa la paz para quien sufre? ¿Qué es la alegría para quien vive tristeza o depresión? ¿Qué representa el dinero para quien vive pobreza o necesidad?
La alineación de prioridades depende de las condiciones personales; tampoco se debe criticar a quienes organizan sus valores de manera diferente. Cada persona es distinta, cada quien siente su propio pesar o su propia felicidad. Las expectativas individuales son dinámicas: lo que hoy parece prioritario, mañana quizá ya no lo sea.
La lógica de muchos coincide en que sin salud prácticamente no hay nada; otros opinan que sin felicidad la vida no tiene sentido. Algunos más suman salud y felicidad al carro del dinero, convencidos de que este resuelve todo en un mundo capitalista. Filósofos y teólogos, en cambio, ponen el acento en la paz, la alegría y la felicidad como fin último de la vida, y consideran incluso que el dinero puede convertirse en un estorbo para la autorrealización.















