Por David Uriarte /
No se trata de partidos, sino de personas que se agrupan en torno a pensamientos afines; mentes idealistas que construyen rumbos como destinos sociofamiliares donde reinarán la paz y la tranquilidad. Pocos imaginan un destino traumático, catastrófico o diabólico. Sin embargo, existen signos evidentes de crecimiento o decadencia, de alegría o tristeza, de desarrollo o estancamiento. Hay políticas públicas que apuntan al capitalismo y otras que conducen al tercermundismo.
Los signos son objetivos, medibles y comparables; solo los ignora quien padece ceguera dogmática. Las propias instituciones encargadas de recopilar y medir las variables de desarrollo humano, aun cuando el sistema o régimen político las subsidia, dan a conocer resultados halagadores o negativos. Los indicadores de crecimiento y desarrollo en temas como seguridad, economía, salud y educación en México están disponibles en portales como el del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI); no hay necesidad de polemizar sobre datos que el propio régimen estudia y expone.
El contraste entre los signos y los síntomas se vuelve interesante cuando, a pesar de los datos duros, algunos mantienen creencias subjetivas sobre la realidad. Al observar el número de asesinatos dolosos, presumen seguridad; ante las alacenas vacías de millones de mexicanos, elogian la fortaleza de la economía; frente a las dificultades para superar enfermedades, se atreven a ensalzar el modelo de salud; y ante la decadencia del sistema educativo, pretenden competir con otros países. Esto último evidencia las fallas del modelo, no la capacidad de los estudiantes, quienes demuestran un coeficiente intelectual alto a pesar de las carencias. Una cosa son los alumnos y otra, muy distinta, el sistema de enseñanza.
Mientras los signos se demuestran con datos duros, los síntomas permanecen en el terreno de las subjetividades impregnadas de ideología, ya sea cara o barata, pero finalmente aprendida y enseñada por alguien. Sólo se requiere una corteza prefrontal funcional para entender el origen y el destino de los pueblos según su modelo de gobierno. La historia enseña cada día cuál será el puerto de desembarque de una sociedad según el rumbo que dicten su capitán y sus marineros.















