Por David Uriarte /
Conocer la verdad implica abrir la puerta a la realidad. No siempre agrada: la verdad es lo que existe, es lo que hay, es lo evidente. Por ello, existen verdades que se disfrutan y otras que duelen. Las verdades dolorosas son aquellas que destapan, despiertan o modifican el significado que se tiene sobre personas o condiciones; son realidades que impactan en las creencias profundas del ser humano.
La verdad posee características dolorosas solo para los involucrados. En esencia, la verdad no es buena ni mala, ni placentera ni desagradable; simplemente se asocia al atributo del dolor cuando, al descubrirla, no coincide con lo esperado. En otras palabras: la verdad es inocua por sí misma; se vuelve dolorosa o placentera dependiendo de las expectativas.
Descubrir que una pareja no te quiere cuando suponías lo contrario, o confirmar una traición o infidelidad cuando existe un compromiso, se convierte en una verdad dolorosa. Estas realidades aparecen en todos los terrenos de la vida: descubrir que la persona que te roba es precisamente quien gozaba de tu mayor confianza; saber que padeces una enfermedad incurable; recibir la noticia de la muerte de un ser querido o entender que pasarás una vejez en pobreza y soledad. Son muchas las causas que terminan bajo esta categoría.
Asimismo, descubrir que la honestidad y la integridad moral de ciertos actores políticos admirados no existe, resulta una verdad dolorosa, especialmente si antes se les defendía con ahínco. Estas verdades cobran mayor significado cuando se relacionan con los afectos, las creencias y los sentimientos; también cuando surgen de traiciones que rompen la confianza depositada en personas importantes.
El sufrimiento se vincula estrechamente con estas revelaciones. Hay personas que, tras descubrir una verdad dolorosa, jamás vuelven a ser las mismas; inician un proceso de sufrimiento cuyo espectro abarca desde la sorpresa y la depresión, hasta los pensamientos suicidas. Las verdades dolorosas se presentan en todos los contextos y entornos; a veces, puede ser mejor no conocer la verdad.















