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Por David Uriarte / 

Mark Twain fue un humorista, novelista y escritor de viajes estadounidense. Hoy en día, se le recuerda principalmente como el autor de Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1885). Twain es considerado uno de los mejores escritores estadounidenses de todos los tiempos.

Puede o no ser cierto lo que plantea el escritor; lo cierto es que el buen humor aligera la carga a cualquiera. El buen humor se aprende, se ejercita, se disfruta y se comparte. Cuando la persona deja de tomarse tan en serio la vida personal o abre espacio para la broma sana, la existencia toma otro sentido. El buen humor no modifica muchas realidades, pero sí transforma la forma de ver las cosas.

La alegría a veces no logra su objetivo porque choca contra caras duras, rostros inexpresivos, emociones negativas, impulsos ofensivos, miradas disuasivas, distancias verbales, falta de empatía y caracteres gruñones. En contraste, el buen humor transmite energía y predispone a los demás a la sonrisa y a la búsqueda del bienestar. Crecer en una familia donde los padres sonríen, mantienen el buen humor y se muestran tolerantes, flexibles, empáticos, comprensivos y amorosos, representa una bendición; es el edén en casa, la cuna del bienestar de los hijos y el alimento para lograr una socialización sana, funcional y productiva. Es, en definitiva, la mejor arma para enfrentar al enemigo de la mala cara y el malhumor.

El buen humor se debe practicar todos los días; es el mejor ejercicio para conservar y promover una mente sana. Encontrar la broma en cualquier condición o situación que parezca agreste constituye una habilidad de la salud mental. La expresión verbal camina de la mano con la expresión del rostro: unas palabras suaves que aligeran la carga de la realidad y un gesto que invita a reírse forman la mejor combinación para pasar bien el momento y el día.

El buen humor es la mayor bendición de la humanidad. La risa y el buen estado de ánimo elevan los niveles de inmunoglobulinas, sustancias químicas relacionadas con el sistema de defensa del cuerpo. Esto no significa que reírse cure cualquier enfermedad; no se trata de romantizar y mucho menos de dogmatizar el buen humor. Se trata de dimensionarlo como un instrumento personal de desarrollo humano. El buen humor es la radiografía del hueso que mantiene la verticalidad de la alegría.