Por David Uriarte / 

La oferta política ya llegó. Las bondades, virtudes, habilidades, destrezas, valores, propuestas, experiencia, contactos, antecedentes de servicio, vocación y familias honorables son algunas credenciales de presentación de aquellos aspirantes a ocupar un puesto de elección popular.

La virtud de algunos de ellos consiste precisamente en el perfil ciudadano, en tener antecedentes sociales alejados del mundo oficial, lejos de cualquiera de los poderes, lejos de grupos o camarillas incrustadas en el régimen, y blindados ante cualquier señalamiento por corrupción o tráfico de influencias.

De cualquier manera, el objetivo de los posibles candidatos a cualquier encargo debe parecerse al de la sociedad. Es un sistema político que coexiste; es decir, los políticos sin la sociedad no prosperan y la sociedad sin políticos tampoco.

El tema va más allá de una mirada crítica o académica: la consolidación de cualquier régimen político depende de la conjunción de expectativas de ambas partes. Políticos y sociedad deben coincidir, concurrir y converger en los mismos objetivos.

La dinámica social de cada lugar requiere atención específica; no es lo mismo una elección para gobernador en Yucatán que en Sinaloa. ¿Cuál es la diferencia? En teoría no debiera existir diferencia si el objetivo es el mismo: el relevo del poder ejecutivo y legislativo. Sin embargo, la diferencia radica en la vocación histórica de ciertas actividades.

Mientras hay regiones donde la industria es la principal actividad, hay otras donde la minería o el turismo son las principales fuentes productivas; mientras hay lugares históricamente tranquilos, hay estados marcados por sus actividades, sus consecuencias económicas y también por sus cuotas de sangre.

Los ofrecimientos políticos en cada región o estado dependen de su realidad, no de las fantasías de un mundo feliz. Los diecisiete estados que vivirán cambios en el ejecutivo y legislativo representan una diversidad de necesidades sociales.

No es lo mismo Baja California que Tlaxcala; no son dos Méxicos distintos, son dos sociedades diferentes, dos idiosincrasias históricamente distintas, ni buenas ni malas, solo diferentes. A pesar de las diferencias regionales, la sociedad coincide en un tema: paz y seguridad. Cualquier sociedad quiere vivir en paz y segura como principio universal.

¿Qué ofrecerán los políticos?