Por David Uriarte / 

La salida de México y la llegada a un aeródromo de Estados Unidos de los personajes que hoy son tendencia, al menos en ambos países, representan un cúmulo de expectativas para los mejores cineastas del mundo, desde la realidad hasta las especulaciones más audaces, con algunas pinceladas de fantasía. El tema tiene aristas políticas, policiacas, tácticas, económicas, de inteligencia, de complicidad, diplomáticas, de salud pública y de violencia.

Entre el hecho y el derecho existe una brecha tan amplia como la historia del narcotráfico en el mundo. El primer caso que tensó las relaciones entre México y Estados Unidos ocurrió en febrero de 1985, cuando privaron de la vida a Enrique Camarena Salazar, de 37 años de edad, agente encubierto mexicoestadounidense de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Por este caso, Rafael Caro Quintero permaneció preso durante casi treinta años; posteriormente fue reaprehendido y hoy se encuentra recluido en una prisión de Estados Unidos por la misma causa penal.

Cuarenta años después, las relaciones entre México y Estados Unidos vuelven a tensarse. En esta ocasión, la Oficina Federal de Investigación, o Buró Federal de Investigaciones, más conocida por sus siglas en inglés como FBI, servicio de seguridad e inteligencia interior de Estados Unidos y principal agencia federal de policía, se atribuye la extracción, propia de una película, de dos personajes, uno de 76 años y otro de 39. A casi dos años de su traslado desde territorio mexicano y después de numerosos comentarios relacionados con la legalidad y la soberanía, lo cierto es que ambos enfrentan procesos penales: uno, al parecer, según información de agencias informativas, podría recibir cadena perpetua; del otro aún se desconoce la magnitud de la posible condena.

Los estilos de gobierno son distintos; las formas de actuar y las leyes, también. Mientras en México, legalmente, no se negocia con criminales, en Estados Unidos existe una forma diferente de dirimir las responsabilidades penales. Parece que a ese sistema le interesan especialmente el castigo y el dinero; todo indica que, entre más dinero, menor castigo.

Estancarse en formalismos leguleyos constituye la muestra evidente de una espera cuidadosa mientras emergen las cartas marcadas de la baraja del martillo. Estilos, formas y leyes.