Por David Uriarte /
Los tiempos electorales son tiempos de promesas, alianzas, complicidades, amistades, pagos, enemistades, préstamos, inversiones, negocios e incumplimientos. Ni un anuncio, entrevista, pinta de bardas, panfleto, tríptico, lona, banner, desayuno, comida, cena, souvenir, material deportivo, gestión, despensa y más son producto de la bondad como tal; existe un interés legítimo detrás de la acción o conducta deliberada.
Dos cosas buscan muchas personas en tiempos electorales: trabajo, relaciones y poder; no es el caso de los candidatos. Los candidatos buscan una sola cosa: poder. El poder solo se obtiene en un régimen democrático a través de la competencia y el voto como evidencia de simpatía y aceptación social. Los espacios que esperan a los ganadores son reducidos, aunque hay un halo de trabajo, influencias y relaciones alrededor del triunfo; la derrota deja pobreza para unos, tristeza para otros, decepciones para unos más y, eventualmente, deudas para otros tantos.
Las promesas incumplidas aparecen por muchas circunstancias; no siempre se puede cumplir todo lo prometido. Las estructuras de poder partidista dictan las directrices; no se mandan solos a pesar de obtener el triunfo. Forman parte de una estructura sólida cuyos compromisos cupulares a veces desconoce el recién llegado al pedazo de poder.
Las alianzas representan compromisos; a veces, las alianzas se convierten en el fiel de la balanza. Los números son estrictos y no es lo mismo noventa y nueve que cien; por eso, la simpatía es una variable que se explota a pesar de tener una personalidad fría, poco empática y, a veces, repugnante. Muchos candidatos sufren una especie de tortura al tener que saludar a tanta gente de mano, soportar olores poco agradables, escuchar imposibles y tener que sonreír después de una andanada de improperios con intenciones obvias.
Se puede llegar a las complicidades con tal de obtener la simpatía para llegar al poder. Muchas amistades se ratifican en los procesos electorales y otras se fracturan; no soportan el peso de la realidad. La economía es un factor apetecible; hay quienes piensan que las campañas electorales son un derroche de dinero. Cuando los pagos no llegan o no se cumple la promesa de pago por la derrota, se dan cuenta de la mala inversión.
Seguro habrá promesas incumplidas, frustraciones y alegrías.















