Por David Uriarte /
La confianza es un factor definitivo para el trabajo en equipo. Trabajar con desconocidos implica un riesgo innecesario cuando hay alternativas para cubrir tareas sustantivas de cualquier encomienda. Es parecido, pero no es lo mismo.
Las empresas miden a su gente por resultados, buscan obtener ganancias como parte del estado de resultados contables y administrativos; la operatividad no puede darse nomás porque sí, necesita un sustento direccionado con el objeto social de la empresa.
En los gobiernos federal, estatal o locales, el objeto social no es la ganancia económica de los gobernados o de los gobiernos; tiene que ver con derechos fundamentales, con la paz, la seguridad, la educación, la salud y la promoción de fuentes de trabajo en coordinación con los empresarios y comerciantes. Es tarea compleja, auditada por el escrutinio social y siempre con un toque amenazante de la oposición.
Los cambios en el gobierno estatal obedecen al tema de confianza. No significa descalificar al que está, significa transitar bajo la misma carpeta asfáltica de la confianza y el sentido de equipo, sin descuidar la habilidad o destreza para la tarea encomendada.
Críticas o reclamos siempre existirán, unos con fundamento, otros sin sustento. Los juicios siempre están a la orden del día; sin embargo, el juicio social siempre recaerá primero en la titularidad del Poder Ejecutivo, en este caso.
Los cambios representan parte del -sprint- final de un ejercicio donde la rendición de cuentas tiene dos vertientes evidentes: lo político y lo administrativo.
Lo político le da viabilidad a lo operativo; por eso, la dinámica está centrada en concluir una administración sumando los esfuerzos de tres etapas en un mismo gobierno, traslapando los esfuerzos de cada responsable en el tiempo, construyendo una narrativa que puede diferir de cualquier análisis externo. La verdad solo se encuentra dentro de los muros donde se toman las decisiones.
Los cambios son significativos cuando direccionan un rumbo determinado por las condiciones políticas partidistas y de políticas públicas. Ambas son importantes. La titular del Ejecutivo no puede descuidar la confianza depositada por la jefa del Ejecutivo federal, tampoco puede descuidar el aseo necesario para dar paso a una transición sin dolor.
Los cambios siempre producen nuevas expectativas y levantan suspicacias, más en lo político.















