Por David Uriarte / 

Existen al menos tres coincidencias entre los operativos contra Joaquín Guzmán, “El Chapo”, y Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Ambos eventos ocurrieron un 22 de febrero, involucraron el factor de la pareja sentimental y sucedieron cuando ambos líderes se encontraban en la cúspide de su poder. Hay personas que ignoran la experiencia y repiten patrones que les arrebatan la libertad o, incluso, la vida. Estos personajes miden el poder a través del dinero y la capacidad para gestionar acciones imposibles para otros, pero fáciles para ellos; sin embargo, tras años o décadas, la justicia finalmente los neutraliza.

En febrero de 2014, México despertó con la noticia de la captura de Joaquín Guzmán en un complejo de departamentos en Mazatlán, Sinaloa. En febrero de 2026, el país amanece nuevamente con una noticia de impacto mundial: las autoridades detuvieron a Nemesio Oseguera Cervantes, quien falleció durante el traslado para recibir atención médica. En estos casos relevantes, el personal de confianza representa el eslabón más débil de la seguridad. En 2014, la comunicación entre el equipo de seguridad y la pareja sentimental de Guzmán resultó ser la pieza clave para desmantelar su imperio.

Durante aquella detención, la “duda” marcó la ruta de las instituciones encargadas de la custodia del detenido. Las interrogantes surgieron de inmediato: “¿participaron solo elementos del ejército y la marina de México? ¿las agencias estadounidenses solo participaron con información? ¿hubo agentes estadounidenses encubiertos en la operación?”. Estas mismas preguntas resurgen hoy ante el operativo de neutralización del “Mencho”.

Más allá de la planeación táctica, el sello distintivo y la gran coincidencia con el caso de Guzmán Loera en 2014 fue la relación con su pareja sentimental. Este hecho evidencia que los instintos primarios de conservación y reproducción rigen la conducta humana. Nadie en su sano juicio desea perder la vida, y el instinto de reproducción suele absorber la conducta erótica del contacto.

La vida afectiva conduce la existencia humana; la soledad siempre convive con el recuerdo, el deseo o la fantasía. En estos escenarios de poder y persecución, la vinculación afectiva y el erotismo se convierten en un instinto mortal.