Por David Uriarte /

Todos los días hay noticias: hechos relevantes para unos e insignificantes para otros. El bache de una calle es importante para el automovilista que enfrenta descompostura tras descompostura durante la temporada de lluvias. Ese mismo bache carece de relevancia para el peatón, que ni siquiera se preocupa por el tema. Ver reparado el bache representa un alivio para el automovilista, pero no significa nada para quien ni siquiera lo conoce. La importancia de una noticia depende de su impacto o de la afectación personal o familiar que genere.

¿A quién le importa la guerra entre Ucrania y Rusia, las inundaciones en Veracruz, los desplazados en Guerrero o los artefactos explosivos y las balaceras en el municipio de Escuinapa, Sinaloa? Son noticias frecuentes, hechos que se repiten; sin embargo, sus consecuencias devastadoras representan mucho para quienes las padecen y poco o nada para quienes las observan a la distancia.

Tanto los hechos trágicos en Oriente como en el hemisferio occidental tienen relevancia periodística, impacto psicológico en una parte de la población y un profundo daño emocional en las familias afectadas. Claro que siempre hay noticias; lo que cambia es el impacto que provocan. Una cosa son las víctimas, otra los victimarios y otra quienes observan, ya sea de manera activa o pasiva.

En México, las noticias trágicas suelen quedar opacadas por fenómenos mediáticos como el Mundial de Futbol. No es que exista una tregua en los hechos, sino que la atención mundial, nacional y local transforma la percepción social de lo catastrófico para dar paso a la esperanza de ver ganar al equipo favorito. Es como vivir la euforia de la Navidad o el Año Nuevo con la conciencia de las deudas por pagar y con la certeza de que, mientras unos festejan, otros sufren o enfrentan dificultades.

En estos días, quizá antes de que termine el Mundial de Futbol, podrían conocerse noticias trascendentes para la vida política y social de México. Son noticias que ya circulan por el mundo como supuestos, primicias descabelladas o incluso notas dolosas; sin embargo, lo que tiene validez legal es la información que emiten las autoridades, sobre todo cuando se trata de instituciones o agencias extranjeras, como las de Estados Unidos. Mientras una autoridad local, nacional o extranjera no confirme los hechos, solo existen datos, versiones o filtraciones, a veces tendenciosas e incluso dolosas.

De la cárcel al poder, ese es el amplio rango en el que los supuestos ubican a los principales actores de las noticias diarias.