Por David Uriarte /
La realidad no necesita juicios, necesita comprensión, entender lo que pasa en México en materia de seguridad pública, economía, salud y educación, requiere una visión global, es decir, no se puede construir un juicio o aseveración sólo con una parte de los hechos.
El gobierno legítimo producto de la democracia es uno, y el gobierno sociópata producto de la descomposición social es otro. México camina todos los días en medio de esta realidad, para entenderlo basta conocer las cifras oficiales, la numeralia accesible en los portales de información cuya validez y confiabilidad emana de un gobierno legítimo.
La cifra de crímenes y criminales o la cifra de delitos de alto impacto en México, conmueve las emociones de cualquier persona sana, cosa que no sucede en los sociópatas, en los delincuentes cuya enfermedad les impide percibir la realidad social en su justa dimensión.
Sangre, sufrimiento, luto, duelo, impotencia, orfandad, viudez y pobreza, es lo que vive parte de una sociedad asediada por la delincuencia… Es la parte riesgosa y la condena social expresada en inconformidad y curiosamente también expresada en votos, como una esperanza de encontrar o construir un México diferente.
La economía y la salud se han convertido en una pareja simbiótica, en dos variables mutuamente interesantes, es decir, la economía se convierte en una protección a la salud aunque no es garantía, al mismo tiempo, la salud es fuente de promoción económica. Sin embargo, México enfrenta una de las peores etapas de su historia reciente donde la pobreza aumenta, la clase media se reduce, y la mortalidad es la luz de los panteones.
La educación sufre una metamorfosis producto de la incapacidad y el desconocimiento de cómo lidiar con la nueva realidad, sus consecuencias se medirán a largo plazo.
El gobierno de la sociopatía ha resentido las consecuencias de la pandemia y a su vez, se ha convertido en otra pandemia para gran parte de la sociedad que vive en la incertidumbre diaria, con el miedo de ser parte de la estadística roja.
El destino de México depende de la aplicación de la quimioterapia para destruir las células cancerosas que lo tienen enfermo; ojalá haya medicamento.