Por David Uriarte /
La pluralidad representa un espectro tan amplio como las opciones para abordarla. Desde la necesidad hasta la opulencia, la sociedad habita un entramado donde alguien debe regular las diferencias. Los roles del trabajador difieren de los de los patrones, así como el papel del maestro es distinto al del alumno; estos roles implican tareas, vocación, habilidad, destreza, conocimiento, entusiasmo y motivación, aunque la pluralidad abarca mucho más.
En ella convergen los estados de carencia, la abundancia y todos los grados de diferencia. En la pluralidad económica coexisten quienes viven en pobreza extrema, los pobres, los menos pobres, los medianamente ricos, los ricos, los millonarios y los multimillonarios.
Cada grupo posee necesidades esenciales propias: el pobre no discute sobre baches porque carece de vehículo, por lo que el tema no le quita el sueño. En cambio, para el dueño de una flotilla de transporte urbano, el mal estado de carreteras y calles intransitables representa una preocupación constante debido a los costos diarios por descomposturas.
Este mismo tema de los baches, por citar un ejemplo, genera alegría en el proveedor de servicios del estado o municipio; saber que recibirá una obra de bacheo garantiza el bienestar de su familia. Por el contrario, la situación inquieta al encargado de finanzas al momento de entregar anticipos o liquidar el trabajo. Mientras tanto, quien gobierna entiende que, apenas terminan una obra, surgen reclamos en otras zonas por el mismo motivo. Esta es la pluralidad de cosas e ideas: ante un mismo hecho, las reacciones varían según el grado de afectación.
Si el gobierno realizara una encuesta sobre la importancia de reparar los baches, las respuestas serían totalmente opuestas. Quien no tiene vehículo consideraría el tema poco relevante; quien transita diariamente por calles deterioradas reaccionaría con cólera y urgiría la reparación. Por su parte, la visión de quien gobierna estaría matizada por las justificaciones políticas del cargo.
Existe una pluralidad de temas y de opiniones porque la razón suele ser del tamaño de la necesidad.













