Por David Uriarte /
Existen indicadores mundiales para evaluar el desempeño de los mandatarios; el desarrollo humano es el más socorrido. Seguridad, salud, educación y economía constituyen las variables que determinan el rumbo de un país y el desempeño de su mandatario o mandataria.
A veces resulta difícil extraer datos de los números y separar los juicios de valor, las ideologías y las posturas de grupos de poder político o de oposición; la verdad es una, aunque existan muchas razones.
La seguridad de los gobernados representa una variable indispensable para medir el desempeño de cualquier gobierno en el mundo. La vida es lo más preciado del ser humano; estar y sentirse seguro es mucho más que la sola percepción: es el resultado de los hechos delictivos que atentan contra la vida y la seguridad de los gobernados.
Los homicidios dolosos fungen como un indicador del grado de seguridad social; un país con una tasa de homicidios baja o cercana a cero por cada cien mil habitantes es un país seguro, donde la paz y la tranquilidad se respiran como parte del oxígeno para vivir e invitar a otros a visitarlo.
Aunque las tareas para promover el desarrollo humano son importantes, la seguridad mantiene la prioridad en la evaluación de cualquier mandatario. Cualquier discurso se derrumba si los gobernados nadan en el océano de la incertidumbre que generan la inseguridad y el miedo a salir ante la realidad dolorosa de la muerte.
Un gobernante pasa a la historia como una figura socialmente aceptada cuando el sistema de salud resuelve los problemas; no se trata de posturas ideológicas, sino de que exista promoción de la salud, medicina preventiva, atención y resolución de enfermedades, y en casos tardíos, una verdadera rehabilitación y control de los daños físicos y emocionales.
Medicinas sin hospitales no; hospitales sin medicinas no; medicinas y hospitales sin médicos: menos. Una población con altos índices de diabetes, obesidad, hipertensión y cáncer refleja un sistema de salud igual a ella: enferma.
Lo mismo ocurre con el sistema educativo: una sociedad alfabetizada hasta los niveles de licenciatura es una sociedad productiva donde, por defecto, la economía se vuelve competitiva y eleva la calidad de vida.
La evaluación de cualquier mandatario en el mundo se da en automático, sin juicios, sólo con números fríos.














