Por David Uriarte /
“Al perro más flaco le pegan las pulgas”. La desgracia tiene su análisis en la filosofía popular: “hacer leña del árbol caído” es una forma de entender cómo, cuando alguien pierde su autoridad, sufre alguna contrariedad o queda sin protección, los demás tratan de sacar provecho de esta circunstancia. El poder político y económico blindan a cualquier persona mientras es posible; llega el momento en que aparece otro poder más fuerte, otro poder político u otro poder económico.
“Muerto el rey, viva el rey”: esta es otra connotación de la fidelidad de los súbditos. Mientras la persona está investida del poder, todos los súbditos o gobernados guardan, por lo menos, una distancia prudente entre sus pensamientos y sus dichos, pues no quieren correr el riesgo de ser aplastados literalmente por el poder del rey.
Existen muchas alegorías que representan el sentir de los gobernados. Aunque debiera existir una relación equilibrada entre el gobernante y los gobernados, las asimetrías siempre están presentes; la percepción social de que los gobernantes siempre quedan a deber es algo frecuente en cualquier modelo de gobierno. El silencio es la mejor simulación de que todo está bien, aunque literalmente no sea así.
Este sentimiento de desigualdad, o de incumplimiento de las expectativas que arrastran muchos gobernados, se vuelve más evidente cuando al poderoso se le termina su investidura. En estos casos aplica el dicho: “todo mundo quiere hacer leña del árbol caído”.
Cuando un servidor público pierde su investidura como tal, aparece la prueba de fuego, aparece la realidad; es cuando los sentimientos salen a expresar todo el amor o todo el rencor. Cuando la sociedad le expresa su amor al servidor público que termina su encargo, lo menos que pide es que continúe en el poder y que siga tomando decisiones de beneficio colectivo.
Cuando la sociedad expresa su rencor o malestar acumulado en contra del antes poderoso servidor público, sobredimensiona los hechos como una forma de expresar su frustración y, de alguna manera, pisar la tranca que mantiene cerrada la puerta del perdón y la credibilidad.
Hacer leña del árbol caído en política es la actitud persistente de quienes arrastran rencores personales, de grupo o ideológicos; de otra forma, dejarían que corrieran los trámites legales y las diligencias correspondientes.
Será que “se le está acabando el agua al bule”.













