Por David Uriarte / 

La expresión o conducta de ciertos actores de la política partidista o de gobierno retrata, de cuerpo entero, su identidad, sus frustraciones y también sus potencialidades. La distancia del dicho al hecho, o del discurso a la conducta, es el mejor indicador para conocerlos. No se trata de criterios juiciosos, ni de etiquetas o señalamientos de buenos o malos; se trata de descripciones basadas en evidencias.

Escuchar el discurso contrastante entre lo que se dice o presume y lo que se hace o se exhibe es la mejor evidencia del grado de congruencia de los empleados de la política, de la administración pública y de la vida en general. Es decir, la descomposición de la persona y de sus valores no es propia de la actividad, sino de su identidad.

No hay hacia dónde voltear si se trata de encontrar líderes honestos. Estados Unidos será la primera potencia mundial, pero el trato inhumano a los migrantes y la confrontación constante con otros países, donde la economía es el tema principal, contrastan fuertemente con el brillo de su poderío. Lo que más le interesa es el dinero, no necesariamente las condiciones de vida de sus habitantes. Utiliza métodos inimaginables para obtener información de todo tipo; es avasallador en sus intenciones, pero siempre antepone su beneficio económico. La estructura de personalidad de sus políticos debe alinearse con ese modelo si quieren permanecer dentro del sistema político y administrativo.

México, como otros países, es producto de una transformación evolutiva en el tiempo y en el pensamiento social. Desde el México prehispánico hasta el actual, han pasado muchas generaciones de políticos que, en teoría, buscan ayudar a sus compatriotas. Sin embargo, la historia describe actitudes y conductas personales y de grupo: personales, para su beneficio; y de grupo, para el beneficio de los iguales, dejando en desventaja a los desiguales, diferentes o en minoría.

El análisis debe tener como conclusión una sola variable: el bienestar de los mexicanos. El bienestar o desarrollo humano tiene que ver con seguridad, salud, educación y economía. ¿Cómo era la seguridad, la salud, la educación y la economía hace cincuenta años?

La política y los políticos reducen sus aspiraciones a una vocación de servicio: servir a la sociedad o servirse a sí mismos. Esta es la diferencia fundamental cuando se habla de descomposición.