Por David Uriarte /
Las realidades, aunque sean las mismas, cobran significados distintos en mentes cuya percepción surge de necesidades o mensajes subconscientes diferentes. Todos, incluyendo a todos, expresan reacciones acordes con sus percepciones.
Lo bueno de lo malo es la conciencia de la realidad; aunque alguien actúe de manera divergente, al menos existe conciencia, incluso si hay incongruencia entre lo que se percibe y lo que se hace.
Lo bueno de lo malo es saber el papel que uno juega en un mundo lleno de incongruencias, donde el precio por pagarse puede ser tan alto que equivalga a la vida.
Lo bueno de lo malo es la capacidad de analizar el terreno que se pisa y las repercusiones de una ola tan pesada que puede aplastar miles o millones de voluntades.
En contrasentido, lo malo de lo bueno es el grupo reducido de beneficiarios considerando que la población objetivo es toda la sociedad.
Lo malo es que no todos gozan de los mismos beneficios; lo malo es que más trabajo no siempre genera más abundancia; lo malo es que las cargas impositivas al esfuerzo de quienes trabajan sostienen la “navidad eterna” de quienes ejercen el menor esfuerzo, cultivando una cultura de subsidio permanente como forma de equilibrio social.
Lo malo de lo bueno es que todo indica una cronicidad en el estilo de gobernar. Lo que para unos es lo malo de lo bueno, para otros es lo bueno de lo malo.
Sembrar creencias en la mente de aquellos niños que hoy son adultos crea conductas sin explicación racional. Las creencias limitantes abundan en una sociedad obligada a rendir tributo a la figura de autoridad.
Padres y madres representan las primeras figuras de autoridad que siembran en la mente de sus hijos ideas o actitudes que, en la adolescencia, juventud o adultez, ellos pondrán en práctica sin saber por qué.
Las creencias no necesitan explicaciones: simplemente existen como carriles o matrices por donde corre una conducta que tampoco requiere explicación; son una especie de impulso que no conoce rienda, menos aún la rienda de la razón o el intelecto. Simplemente existen.
Lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno depende de las creencias. Existen creencias que matan y creencias que dan vida, creencias que esclavizan y creencias que promueven libertad. Solo hay que comprender lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno.















