Por David Uriarte

El dinamismo de la vida, mezclado con lo inexorable del tiempo, constituye una receta que merece atención: hay cosas que no se pueden cambiar, otras tantas son adversas a los intereses personales, familiares o sociales; no todo lo que se busca se consigue, ni todo lo que se espera llega en la cantidad y en el tiempo esperado.

Tener un plan B significa tener conciencia de lo incierto del destino, a pesar de la planeación y de creer que se tiene todo bajo control. A veces no hay peor afrenta a la razón que la creencia de seguridad donde subyace un supuesto control o manipulación de lo básico, de lo cotidiano, pero no siempre sucede así.

Los empresarios que no tienen plan B sucumben más rápido que aquellos previsores de las peores catástrofes posibles; las parejas viven la misma suerte: aquella supuesta fortaleza en la relación termina en fracaso cuando no existe un plan B.

Contar con un plan B significa saber lo endeble del concepto de seguridad en cualquier expresión. El plan B no es magia; es la previsión de realidades y su contención, o por lo menos la conciencia de que no siempre ocurre lo esperado. La realidad puede tumbar cualquier expectativa, por más sólida que se conciba.

Ningún plan funciona cuando lo que se pierde es la vida. Aun así, quienes sobreviven deben tener su plan B. Ante la muerte del padre, de la pareja, del hijo, del soporte emocional o económico —de aquel o aquellos que le dan sentido a la vida— la ausencia permanente reconfigura la realidad. Es entonces cuando la mente entiende la fragilidad de la vida y lo inservible de un ego inflado que no soporta la ausencia definitiva del que se va.

Los planes alternativos no son propios de la política; son propios de personas e instituciones donde lo único seguro es el cambio, donde las promesas de seguridad quedan en papeles o buenas intenciones. La incertidumbre permea los supuestos más sólidos y las promesas más rígidas; nunca se sabe por dónde o cómo se perderá el rumbo y la supuesta certidumbre de lo que se emprende.

¿Cuántas personas no contemplan el plan B de su vida? ¿Qué pasará si pierdes el trabajo, la pareja, el dinero, los bienes, la seguridad o la salud? Si la vida se puede perder en cualquier momento, todo lo demás también.

¿Cuál es tu plan B?