Por David Uriarte /                             

¿Quiénes atacan a la UAS? Los que desconocen su funcionamiento, y los dolosos. Pudiera agregarse un grupo más: los ingratos, aquellos que recibieron incluso su formación y algo más, y hoy son los protagonistas de su desprestigio.

Para los desinformados, la mejor terapia es la información veraz: los portales de transparencia, la información oficial, la descripción clara y precisa de pesos y centavos asignados a la institución, la relación de costo por alumno, la población estudiantil verificada junto con la relación de profesores e investigadores. En fin, conocer la dinámica desde su operatividad, más allá de supuestos, especulaciones o intereses político-partidistas. También, los resultados de las auditorías externas e internas.

En los comentarios dolosos, ahí hay poco que hacer: los intereses superan el desconocimiento para ubicarse en el plano de lo personal o de grupo, aunque también pueden ser mercenarios de intereses políticos futuristas.

El grupo de los ingratos o resentidos también merece un análisis objetivo, fuera de toda pasión. Se necesita entender sus motivaciones personales y sus expectativas no cumplidas. En otras palabras, hay que ser empáticos para entender el origen de su malestar antes de juzgarlos o etiquetarlos como dolosos. Toda conducta obedece a creencias o instrucciones.

El interés de los inconformes tiene un sustento a veces desconocido para muchos. Aunque son fieles a sus creencias, disciplinados a sus superiores o fervientes apóstoles de la divinidad oculta, lo que hacen o dicen obedece a percepciones estructuradas en un contexto de intereses particulares que solo ellos conocen o solo ellos entienden.

La UAS y sus autoridades no pueden distraerse de su función sustantiva: la fábrica o la réplica del conocimiento científico o filosófico y sus obreros deben mantener su rumbo, aunque la neblina de las inconformidades propias de personas, grupos o intereses se anteponga o se cruce en el camino. La carga que transporta representa lo más valioso de las familias. El destino espera profesionistas de clase mundial. Por eso, aunque el camino se nuble, la universidad debe mantener su rumbo y navegar, aunque sea por instrumentos, sabiendo que no hay tormenta eterna.

Cualquier tipo de atacante —ignorante, doloso o ingrato— tiene su justificación, aunque nada justifica tratar de opacar el brillo y el camino del águila.