Por David Uriarte /
La democracia es la suma de voluntades que respetan las diferencias; la mayoría determina el rumbo cuando de elegir se trata. La simpatía casi siempre se sobrepone a la verdadera capacidad: es el precio de la democracia. El título de los elegidos no sirve como pronóstico de un buen desempeño.
La política es mucho más que una actividad técnica, económica, educativa o de salud; es una actividad conciliadora donde el liderazgo marca el rumbo y suma propósitos constructivos en una sociedad confiada en el bien común.
Cuando la espontaneidad determina la mayoría sin coaccionar la voluntad, entonces hay democracia real; la democracia inducida por cualquier vía termina siendo una imposición autoritaria que condena el pronóstico social a corto plazo.
Las formas de coaccionar el voto son diversas: desde la intimidación y la violencia en cualquiera de sus expresiones, hasta la compra de la voluntad a través de promesas, regalos, trámites o dinero en efectivo.
Los operadores relevan de la responsabilidad directa a cualquier candidato, construyendo condiciones de sorpresa cuando les informan los resultados cuchareados.
Persiste la idea legítima de los candidatos, en estos supuestos, de seguir creyendo en su carisma, su arrastre, su liderazgo, su trabajo, su formación política y su indiscutible superioridad en relación con sus competidores.
El informe que elaboraron la Corte del Distrito Sur de Nueva York y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, publicado el 29 de abril de 2026, es un documento de 34 páginas que describe una serie de hechos o irregularidades ocurridas en las elecciones del seis de junio del año 2021.
Sin juicios, pero con hechos, se puede entender que autoridades sustitutas gobiernan las tres principales ciudades de Sinaloa —incluyendo la capital—: Mazatlán, Culiacán y Ahome, donde la suma de electores representa casi el ochenta por ciento del padrón; de ahí la importancia de estas demarcaciones territoriales y su control político.
Para evitar los resultados cuchareados se debe mover la parte de la ecuación que generó el hecho. Si fue el poder fáctico, es de suponer que esto no ocurrirá en las elecciones del próximo año; si no fue el poder fáctico el que cuchareó los resultados electorales, entonces las cosas se ponen más difíciles de entender, a menos que el informe de 34 páginas esté equivocado o sea impreciso.















