Por David Uriarte /

Hay una serie de organismos o instituciones donde descansa, de alguna manera, más que la gobernabilidad, la estabilidad social. Se trata de las universidades, los sindicatos de maestros y el transporte público.

Cualquier gobierno, en cualquier parte del mundo, necesita estar bien con las instituciones educativas, con el gremio de maestros y con el transporte público.

Miles de estudiantes en la calle representan inestabilidad social; miles de maestros en la calle representan lo mismo: inestabilidad. Y las calles llenas de personas esperando el transporte público para ir a su trabajo, su escuela, su atención médica, al mercado para comprar víveres, o simplemente de compras o de paseo… El transporte público es una herramienta de estabilidad social.

Los gobiernos federal, estatal y local tienen un conflicto latente con estos tres grupos. Ningún gobernante quiere estudiantes en las calles; tanto ellos como los padres de familia los quieren en las aulas. Ningún gobernante quiere a los maestros en las calles; padres de familia y gobernantes los quieren en las aulas. Ningún gobernante quiere una huelga del transporte público; quieren a la sociedad en movimiento. Para esto, el transporte público es un requisito indispensable.

Las universidades públicas, el sindicato de maestros y los permisionarios del transporte público necesitan mantener una comunicación y entendimiento claros con el gobierno. De no ser así, la estabilidad social y la gobernabilidad están en juego.

Los liderazgos de estos tres grupos son fundamentales para el buen desarrollo tanto de sus representados como del gobierno en turno. No se puede mantener una discrepancia cuyos límites lleguen a paralizar la actividad escolar, donde alumnos y maestros manifiesten su inconformidad en las calles. Mucho menos se pueden mantener diferencias irreconciliables con el servicio de transporte público, que representa el desahogo de la movilidad social y la actividad de la economía.

Sociedad y gobierno necesitan un equilibrio, necesitan mantener la paz social como producto de una interrelación sana. Ambas partes se necesitan, son complementarias. Cuando una de las dos partes piensa en términos absolutistas, se pierde el equilibrio, y el caos social con la crisis de gobernabilidad es el resultado.

Los estabilizadores sociales necesitan ser dimensionados en su justa medida, tratados como parte de la solución, no como el problema.