Por David Uriarte /

El color de la Navidad depende de la realidad de cada persona. Mientras muchos compartirán con su familia completa, otros desde temprano recordarán a sus deudos en el panteón, en el nicho donde reposan las cenizas o en la dolorosa ausencia de un ser querido cuyo paradero o lugar de descanso desconocen.

El color de la Navidad es multicolor: para unos, dorado, radiante de luz, esperanza, alegría y felicidad; para otros, triste, oscuro y opacado por la opresión del pecho donde radica el dolor y el sufrimiento de una cruel realidad, la ausencia definitiva del ser querido.

El tiempo no se detiene y sigue su rumbo, arrastrando todo lo que encuentra. A veces halla prosperidad, salud, felicidad y alegría; otras veces tropieza con pobreza, enfermedad, tristeza, frustración, disgusto, malestar y ausencias.

El color de la Navidad se impregna de manera distinta en cada etapa de la vida. No es igual para un niño de cuatro años que para un adolescente de 14, un joven de 24, un adulto de 44 o un anciano de 84.

La conciencia y las expectativas cambian. Mientras al niño se le puede mentir con fantasías, a los adolescentes y adultos no se les puede ocultar la verdad.

La verdad es única para cada familia: mientras los vecinos de al lado festejan dentro de sus posibilidades, pero con salud y la presencia de todos, los de enfrente lo hacen en medio del sufrimiento por la ausencia del hijo o del pilar del hogar. La Navidad es la misma; los significados, distintos.

El color de la Navidad depende de muchas variables. La Navidad para los gobernantes es diferente a la de los policías, los socorristas de la Cruz Roja, los bomberos, los médicos de guardia en los hospitales, los repartidores de alimentos o los comerciantes. Cada persona crea su propia Navidad, aunque en esencia el día sea el mismo.

El color de la Navidad también cambia para los niños huérfanos o huérfanos de padres vivos, para los indigentes, quienes viven en pobreza extrema, los ancianos abandonados en casas de asistencia, los enfermos mentales que viven fuera de la realidad o los adultos con demencia senil. Para todos ellos, la Navidad tiene un significado distinto; muchos ni siquiera distinguen un día de otro.

Navidad brillante u oscura.