Por David Uriarte /
Todo indica que los preludios no prosperaron. Mientras unos aseguran que no pasa nada, otros recurren a una postura catastrofista y hablan prácticamente de una invasión estadounidense. La verdad es que, entre opiniones opuestas, la sociedad sigue su ritmo con altibajos; no se puede negar la realidad, pero tampoco se debe exagerar.
Las condiciones que viven México, Sinaloa y Culiacán son sui géneris; circunstancias especiales y difícilmente repetibles. Nadie planeó con exactitud lo que ocurre, simplemente es el resultado de una serie de acciones que tarde o temprano debían suceder: el periodo de impunidad extrema tenía que terminar.
La sociedad demuestra una resiliencia extrema, capaz de soportar condiciones tan críticas como la violencia letal. Los ciudadanos se acostumbran a ver grupos militares, de la Guardia Nacional, la Marina o autoridades locales —incluyendo al Servicio Médico Forense— como parte de la rutina. La dinámica implica conducir despacio, capturar videos o fotos, rodear el operativo y esperar a que las redes sociales den “santo y seña” de lo sucedido, ya sea en el centro de la ciudad, frente a un edificio gubernamental o en la periferia. El lugar es irrelevante cuando el resultado es un enfrentamiento armado o una agresión de consecuencias funestas.
Los comentarios se asemejan a las preguntas recurrentes: “¿Cuándo se va a terminar esto?”, “¿Qué sigue?”, “¿Será bueno irse de la ciudad?”. Las contestaciones son tan variadas como sus emisores; no existe una respuesta concreta que sustente la verdad, solo supuestos cargados de miedo, imaginaciones y pensamientos ajenos a la salud social.
Con la llegada espectacular y mediática de un avión estadounidense, las especulaciones y los pensamientos extremos toman nuevas formas: hay quienes sostienen que la invasión empezó hace tiempo, otros creen que apenas se preparan y algunos afirman no saber nada. A esto se suma la alerta que emitió Estados Unidos sobre los vuelos comerciales en ciertas áreas de México, especialmente sobre el Pacífico, un dato que debe integrarse a esta realidad latente.














