Por David Uriarte / 

La primera etapa del duelo por pérdida es la negación. Aunque el término se refiere al proceso psicológico que vive la persona ante la muerte de un ser querido, también aplica a otro tipo de pérdidas. Los políticos, ante la pérdida de credibilidad, elaboran su duelo con un evidente y rotundo -no-.

Las negaciones de las personas, especialmente de las y los políticos, aportan conocimiento; sus respuestas parecen sacadas del libro clásico de tanatología: más tarda un periodista en lanzar la pregunta cuya respuesta ya conoce, que llega de manera abrupta el clásico no.

La negación es parte del discurso del cinismo; equivale a las defensas del infiel atrapado en flagrancia que aun así lo niega, como dice el refrán: -trae el confeti en la cabeza y dice que no fue a la fiesta-.

La negación de los políticos de alta representación o responsabilidad es, en algún momento, un insulto a la inteligencia colectiva, a la sociedad que conoce y vive de primera mano la realidad; una realidad dolorosa para quien la padece, pero negada por los responsables.

La negación forma parte de la estructura inconsciente de las personas que, sabiendo la verdad, pretenden ocultarla con un cambio de nombre. Las negaciones de los políticos tienen un toque de histrionismo; a veces son artistas de la mentira y el disfraz, espectacularmente hábiles para encontrar sinónimos que desvirtúen la cruel realidad.

Por ejemplo, ante una pregunta sobre una inundación contestan: -no es inundación, es un encharcamiento-; ante las desapariciones responden: -ya se abrió una carpeta de investigación-; si la pregunta es sobre inseguridad, la respuesta es: -las estadísticas revelan una baja significativa en los últimos años-. Mientras tanto, el desfile en las fiscalías es interminable, los velorios son la estampa frecuente y los parques funerarios siguen en expansión.

Negar es condición humana. La libertad de elegir la negación sobre la verdad representa algo parecido a un requisito para estar en las filas del servicio público.

Si la negación de la verdad corrigiera las penas dolorosas que enfrentan quienes las padecen, sería un estilo de gobernar digno de replicar en todo el mundo.

La negación de los servidores públicos construye un muro entre la realidad y las expectativas sociales; negar la evidencia es un juego perverso.