Por David Uriarte /
Lo que ocurre en México o en cualquier parte del mundo, ¿a quién le importa? Le importa al afectado, le importa a la familia, a veces a la sociedad, y en casos determinados le importa al régimen que gobierna. ¿A quién le importa que en la Universidad Autónoma de Sinaloa el pago de la nómina esté en focos rojos, que exista la posibilidad de que la nómina de jubilados deje de pagarse a pesar de la cuota de justicia en el tema? Esto le importa al empleado, al jubilado, a sus familias, a las autoridades universitarias, al gobierno federal, al gobierno estatal. Hay una serie de personas e instituciones interesadas en la operación armónica de la UAS; sin embargo, parece que hay partes de la ecuación interesadas en la implosión del conflicto. Si esto sucede, será un retroceso totalmente prevenible y evitable por las partes encargadas de suministrar el subsidio correspondiente.
El ejemplo anterior sirve para entender la dinámica de todos los conflictos que enfrenta la humanidad. La diferencia es el grado de afectación personal, familiar, social o gubernamental. Cuando los conflictos afectan a la persona, esta se convierte en una isla alejada de la conciencia social. Cuando los conflictos escalan por su impacto a familias, comunidades o sociedades, y traspasan fronteras, como en el caso de las guerras o conflictos comerciales entre países, el foco internacional se enciende bajo opiniones o juicios que hacen visible el conflicto y sus protagonistas. Es entonces cuando aparece un interés colectivo que enjuicia u opina sobre el tema; mientras no se conocen los conflictos, pareciera que no existen.
Una forma de conocer conflictos internacionales es a través del poder de las redes sociales y de la comunicación digital. La vía electrónica de las redes de comunicación e información mantiene al día a millones de personas en el mundo, al margen de que les importe o no el tema. Hay un dicho que reza: “para sentir no hay como que duela”. Efectivamente, si no hay afectación no hay interés por resolver el problema. ¿Qué tanto le interesa el tema de las adicciones a quien no las padece? ¿Qué tanto le interesa la inflación al rico? ¿Qué tanto le interesa la inseguridad a quienes viven en lugares seguros? Así podemos entender que el grado de interés tiene que ver con el grado de afectación. ¿A quién le interesa que haya medicamentos para el cáncer? La respuesta es amplia.















