Por David Uriarte /
Pasan muchas cosas en el mundo, cosas importantes que tienen que ver con la vida, con la muerte, con la riqueza, la pobreza, la ignorancia, la inteligencia; el deporte, la vida sedentaria, la salud, la enfermedad; los valores, la honestidad, la religión, la filosofía, la espiritualidad; las adicciones, el matrimonio, los hijos, ciertas habilidades, actitudes y prácticas; la promoción de la vida, el culto a la muerte, la búsqueda de la verdad, de la santidad, de la vida eterna, las creencias sobre el infierno, sobre la vida después de la vida y después de la muerte.
La importancia de las cosas depende de las creencias y el pensamiento de cada quien. Hay que respetar las diferentes formas de pensar, creer y actuar.
Pero ¿cuándo respinga la gente? Cuando abandona el marasmo de la vida rutinaria para incorporarse a causas ajenas, diferentes, o incluso para defenderse a sí misma.
Mientras el tema no te toque, no lastime a tu familia, a los tuyos, a tu economía ni a tus intereses, la vida y sus circunstancias se ven pasar como ver llover. Hay una indiferencia en cierta forma patológica, egoísta; una forma de actuar donde la solidaridad está ausente, donde el auxilio a las causas ajenas no parece ser la prioridad.
Esa actitud social, donde la observación se vuelve un acto pasivo, mantiene a la sociedad dividida, polarizada, escindida, ausente en la colaboración.
Cuando el sufrimiento toca la puerta de la casa es cuando la gente despierta, se vuelve contestataria, busca la justicia, grita, patalea, hace lo posible por recuperar las pérdidas. Siente una dosis doble de coraje y frustración: sentimientos negativos por el daño recibido y la indolencia de los demás.
Es entonces cuando puede tomar conciencia de lo que sienten las madres buscadoras cuando, a la intemperie, siguen buscando a sus seres queridos. Es la única forma de entender los movimientos de ciertos colectivos que se rebelan contra el régimen al no obtener respuesta satisfactoria a sus peticiones.
Aquí aplica el dicho: “para sentir no hay como que duela”. Solo así respinga la gente, solo así se suma a luchas sociales, solo así entiende el sufrimiento ajeno.
A veces solo se es espectador del sufrimiento; la energía se gasta en quejidos y las acciones quedan solo en la mente como un sueño. Muchos siguen esperando que otros griten y busquen la solución.
¿Cuándo respinga la gente? Cuando le tocas sus intereses.















