Por David Uriarte /
Mientras los reflectores mundiales enfocan a México por su relación con Estados Unidos, con temas tan importantes como el Tratado de Libre Comercio y el narcotráfico, las demarcaciones territoriales que conforman el país pasan a segundo término, excepto cuando ocurren hechos relevantes relacionados con delitos de alto impacto. No es que existan dos países distintos; existen muchas percepciones que dependen de dónde se vive, de si se es proclive al régimen o se forma parte de la oposición política, de si se es víctima o victimario, empresario, empleado, desempleado o simplemente una persona interesada en la vida política del país.
Sinaloa tiene su historia y su lugar en la conciencia del país. Su capital, Culiacán, ocupa un espacio particular en la memoria colectiva como una ciudad sui géneris, rica en información de todo tipo y con múltiples expectativas, tan diversas como las perspectivas sobre su crecimiento y desarrollo social.
Hacer a un lado la nota roja, tendenciosa o imprecisa, no significa ignorar la realidad; significa reconocer una realidad paralela que alienta la vida colectiva. Es la verdad que recorre todos los días las calles de la ciudad: la del trabajo, el esfuerzo, la confianza y la esperanza de alcanzar una vida tranquila, como parte de las aspiraciones naturales de cualquier ciudadano que solo desea paz y seguridad para él y su familia.
Desde una perspectiva estadística, puede afirmarse que la gente de Culiacán, además de resiliente, posee el potencial para destacar en disciplinas como el deporte y en actividades como la agricultura, el comercio y la industria, sin dejar de lado los liderazgos académicos de los que poco se habla. ¿Qué pasa en Culiacán? Pasan muchas cosas. Es cierto que recorrer sus calles durante los últimos meses permite observar mantas y letreros con las leyendas “se vende” o “se renta”; la industria inmobiliaria y parte del comercio atraviesan un periodo de afectación. Sin embargo, la actitud de los culichis mantiene la fortaleza que demostraron los habitantes de Polonia, Hiroshima y Nagasaki, en Japón, o Medellín, en Colombia, ciudades que enfrentaron circunstancias profundamente adversas y que hoy representan ejemplos de resiliencia y reconstrucción.
Culiacán y su gente forman un binomio en el que la tierra parece producir una especie de humor que mantiene a sus habitantes “abitachados”. No todo lo que se dice es cierto, ni todo lo que es cierto se dice. Quiérase o no, Culiacán es un referente mundial.















