Por David Uriarte /

La literalidad de la frase se refiere a la atención como la capacidad de la mente para seleccionar, dirigir y mantener el foco en un estímulo o tarea importante mientras ignora otras distracciones; por lo tanto, lo que hay que distinguir y evitar son las distracciones.

En el océano informativo mundial, las distracciones que producen las noticias falsas o Fake news prevalecen como un señuelo para evitar el contacto con la realidad, con los verdaderos acontecimientos que están moviendo a la sociedad en direcciones insospechadas.

Escuchar opiniones sesgadas, producto de la luminosidad informativa que mantiene el ojo de la mente ocupado, es frecuente. La información llega a construir creencias y, cuando la persona formula creencias, el análisis se dificulta, la razón se adormece y las intenciones de terceros aparecen como fantasmas oscuros que se traslapan en la noche del mismo color.

“Examinadlo todo; retened lo bueno…”, esta frase, si bien es bíblica, es una invitación a la reflexión, a no dejarse llevar por todo lo que se lee, por todo lo que se dice o por todo lo que se escucha; es una invitación al análisis, a dudar, a preguntarse el origen de la información, incluso la intención de darla a conocer, a cuestionar su veracidad o intencionalidad, a poner un toque de desconfianza en aquello que aparece de manera espontánea en momentos en que las cosas en el mundo y en nuestro entorno están difíciles.

Es relativamente fácil distraerse con la espectacularidad de la nota, con el brillo informativo, con las imprecisiones matizadas de investigación y respeto a la verdad. Cuando la seguridad, la economía y la salud de una sociedad toman un rumbo de riesgo, contabilizado por la incertidumbre de los números, los muertos, los pobres y los enfermos son mucho más que una cifra; son el resultado y la evidencia de la eficiencia y eficacia del régimen en que se vive.

El que tenga oídos para oír, que oiga, pero además reflexione, analice, compare, contraste y ponga atención para observar la diferencia entre el dicho y el hecho, la brecha entre lo que se cuenta y lo que se ve, más aún cuando se habla de seguridad y los resultados son diferentes; cuando se habla de economía, de inversiones, pero la pobreza se respira al observar los rostros de sufrimiento de muchas personas; o cuando se habla de un sistema de salud fuerte mientras los medicamentos siguen escaseando.