Por David Uriarte /
¿Qué quieres resolver? ¿La fuga de agua en tu banqueta o la visa del gobernador/a, los baches de la calle por donde circulas o el huachicol fiscal, la tarifa de la luz de tu casa o el caso de los diez implicados en un conflicto legal con los Estados Unidos, el alumbrado público de tu colonia o las discrepancias de los senadores en temas como la seguridad y las cifras oficiales? En fin, entre lo urgente y lo importante, a veces se opta por lo importante, dejando de lado la urgencia de lo inmediato, la urgencia para quien vive su problema como una extensión de su vida y su quehacer diario.
Las pláticas entre vecinos, compañeros de trabajo o analistas políticos de café, a veces giran alrededor de lo importante: los temas comerciales entre México y Estados Unidos, los supuestos pendientes o deudas histórico-diplomáticas entre México y España, los gobernantes que “supuestamente” les quitaron las visas para entrar a los Estados Unidos, el hoyo financiero del huachicol, los sobrinos incómodos del exsecretario de la Marina, el multihomicida del Estado de México. Es fácil perderse en temas importantes para la economía, la política, la seguridad, la salud, la educación o incluso temas de la farándula, como el caso de los famosos, donde se invierte tiempo, energía y pasión.
Revisar lo urgente de cada mexicano es tarea personal, es motivo de conciencia y honestidad, empezando por temas obvios como la seguridad pública, la urgencia de recuperar la paz, la tranquilidad y el bienestar social. Sin seguridad, lo demás es superfluo; sin seguridad, cualquier aspiración muere en el intento. Garantizar el derecho a la vida y su integridad es más urgente de lo que muchos suponen.
Cuando la urgencia de pasar de la inseguridad a la seguridad se resuelva, lo demás será tarea relativamente fácil; lo que se resuelve con dinero es barato. Resuelta la inseguridad y con la paz y tranquilidad recuperadas, otra urgencia es lo relativo a conservar la salud o recuperarla cuando se pierda. Sin importar el diagnóstico o el tratamiento, se tiene que ir más allá del paracetamol y los sobres de rehidratación oral; se tiene que contar con servicios de primer mundo. Eso sí es urgente, como urgente es rescatar la calidad de la educación. Esperar a pagar el sobreprecio de la ignorancia dejó de ser tema importante para convertirse en urgente.
Lo que urge siempre pone en riesgo la vida.















