Por David Uriarte / 

El Día Mundial del Farmacéutico se celebra cada 25 de septiembre, impulsado por la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), para reconocer la labor de estos profesionales en la salud. Imposible olvidar a los maestros cuya enseñanza era una verdadera obra de arte.

En la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Sinaloa, el primer profesor de Farmacología fue el Dr. Óscar Orlando Guadrón, una verdadera joya en la enseñanza de la farmacología. Todas las asignaturas son importantes, desde la anatomía y la fisiología, y cada una de las materias encierra una necesidad inherente al conocimiento necesario para el ejercicio profesional de la medicina.

Los medicamentos que toman o pueden tomar los más de ocho mil millones de personas en el mundo deben pasar primero por un protocolo estricto, donde se valora la estructura de la sustancia química, es decir, su composición, sus indicaciones terapéuticas, las propiedades farmacológicas, contraindicaciones, sus restricciones de uso durante el embarazo y la lactancia, posibles reacciones adversas, sus interacciones medicamentosas, la inhibición o potencialización cuando se administra con otro medicamento, las modificaciones en los diferentes órganos, aparatos o sistemas, las precauciones que hay que tener al administrar el medicamento, la dosis y su vía de administración, el manejo de las posibles complicaciones por sobredosificación, la presentación del medicamento, las recomendaciones sobre su almacenamiento y temperatura, entre otras cosas más.

La farmacología es la piedra angular cuando se habla de restablecer la salud de niños, adolescentes, jóvenes, personas maduras, senectos y embarazadas. Elegir el medicamento es todo un arte; primero está el diagnóstico y después el tratamiento. Cuando la enfermedad se cura o se trata con medicamentos, hay que pensar en posibles consecuencias; incluso, a veces, sale peor el remedio que la enfermedad. Hay pacientes que terminan en los servicios de urgencias por una reacción adversa a los medicamentos.

Un mal diagnóstico tendrá consecuencias diversas: en primer término, no habrá curación; en segundo término, podrá haber consecuencias difíciles de tratar; y, en tercer término, hay medicamentos caros para el bolsillo de muchas personas.

Por eso, el conocimiento de la farmacología es tan importante como el ojo clínico.