Por David Uriarte / 

A nadie debe sorprender una serie de cambios necesarios en la “nueva” estructura administrativa y operativa del gobierno. No se puede trabajar bajo el esquema donde la desconfianza es propia del cambio de mando. Podrán ser técnicamente muy hábiles, con experiencia acumulada, pero el compromiso y la lealtad están hipotecados con quien les dio la oportunidad. La renovación del mando implica renovación estratégica en cascada.

Trabajar a marchas forzadas es propio de un esquema donde los tiempos y las fechas tienen caducidad. En noviembre se presenta el informe anual de gobierno; es la antesala del último informe, donde el o la invitada de honor será quien ocupe la silla del Poder Ejecutivo. Resultados, compromisos cumplidos, compromisos no cumplidos, justificaciones, obras en proceso y una serie de datos e información forman parte del proceso del informe, que ya debe estar por mandarse a la imprenta o al formato para exponerse, leerse y archivarse.

No se puede postergar ni una cosa ni otra. Muchos han de pensar: ¿por qué no se esperan para hacer los cambios hasta después del informe? Ambas cosas tienen sentido: hacer los cambios y consolidar la información del informe de gobierno.

Los cambios van a generar más cambios. Se trabaja con gente de confianza, con equipos afines, comprometidos de arriba abajo, fieles seguidores de las políticas partidistas del poder y apóstoles de quien lidera el tramo final de una conquista muy esperada que se busca volver a conquistar.

Por eso, es de esperar más cambios. Los que llegan necesitan estructurar sus respectivos equipos y dar resultados a quien les confió una tarea supervigilada por la sociedad. Los que se van dejan incrustados en puestos operativamente claves a una serie de colaboradores cuyo compromiso obviamente es con quien se fue, con quien les consiguió el trabajo, con quien trabajaron bajo un esquema diferente, a pesar de tener los mismos objetivos: cumplirle a la sociedad.

Por eso, en estos días o, a más tardar, en las postrimerías del informe, estarán llegando más caras nuevas o reubicando algunas que ya conocían la forma de trabajar de la nueva jefa del Ejecutivo en Sinaloa. Lo anterior ni es novedad ni se necesita tener mucha inteligencia para entenderlo; lo que sí se necesita es tener mucho valor, compromiso y lealtad con la jefa mayor para soportar las presiones que esto implica.