Por David Uriarte / 

Hasta los regímenes políticos más fuertes ceden ante la fuerza social. El cansancio, el hartazgo y el trato irrespetuoso de los gobernantes hacen que los gobernados saquen fuerza de voluntad y la demuestren en las urnas, el talón de Aquiles de los gobernantes con actitud dictatorial, totalitaria, con un toque de tiranía y oligarquía, a pesar de presumir un gobierno demócrata. Los votantes de Estados Unidos le pusieron —hasta aquí— a su presidente, Donald Trump, aunque él se justifique diciendo que la derrota de su partido se debe al aumento de los combustibles, a su respuesta de guerra en Oriente o a la ausencia de su figura en las boletas electorales. La verdad es que el pueblo se cansó, no permitió que la tiranía se perpetuara en las decisiones tanto de gobierno como en la Cámara de Representantes y el Senado. La balanza se inclinó de nuevo a la mayoría, el Partido Demócrata está de fiesta, las minorías tienen un reducto de poder, la diversidad está visibilizada, pero, sobre todo, la esperanza de un trato justo es la cucharada de una medicina verdaderamente democrática.

De todo se aprende. México tiene mucho que aprender de la sociedad de Estados Unidos y mucho del pueblo cubano. No se trata de juicios baratos de buenos o malos, se trata de calidad de vida, de esperanza de vida, de estilos de vida, del grado de satisfacción con el gobierno y sus gobernantes. ¿Qué quieren los mexicanos en las elecciones intermedias? Lo que quieran será escrito en el libro de la democracia que se llama —elecciones—. El voto ciudadano decidirá el rumbo; la oferta política tendrá que garantizar, hasta donde sea posible, un cambio favorable en pocos rubros: seguridad, economía, salud, transparencia y educación. Con estas variables que se enfilen al bien común, la confianza podrá ser rescatada por una clase política disminuida, polarizada, enfrentada y, a veces, desesperada por mantener o conseguir el poder por el poder.

De todo se aprende. Las elecciones intermedias, con sus resultados, hicieron que el presidente del país más poderoso del mundo en algunos rubros saliera con la cara desfigurada a cambiar su discurso, aceptando lo obvio y dispuesto a las posibles negociaciones con la oposición.

De todo se aprende. Ojalá que realmente aprenda el presidente Trump a respetar las diferencias y que los mexicanos se pongan reflexivos sobre el proceso electoral en marcha.