Por David Uriarte /
Después de la nube eufórica que cubrió países y ciudades enteras en esta Copa Mundial, el cielo de la realidad empieza a despejarse y muestra lo de siempre: lo que es, lo que se sufre, lo que se vive, lo que se siente, lo que se padece y lo que se disfruta. Después del impase deportivo, la vida retoma su curso y, en particular, los conflictos de cada persona, familia, sociedad, gobierno o país, así como las virtudes o condiciones de felicidad.
Después de 39 días de inundación informativa en torno al futbol, los países participantes regresan a su vida diaria, a su rutina de siempre, a cabalgar junto a las dificultades y junto a lo mejor que tienen. Un poco o un mucho descansada, la sociedad regresa a las vivencias que dejó en “stand by”, dispuesta a retomar los temas de su interés, aunque tengan un toque de morbo para los intelectuales de la noticia y los sucesos mundiales.
Sin duda, la comparecencia del personaje sinaloense de 76 años de edad, recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, en la ciudad de Nueva York, desde hace casi dos años, dará mucho para las especulaciones de dos grupos: el de la política y el de los interesados, ya sea por el beneficio o el perjuicio derivado de su pronóstico criminal. Solo los hechos pueden dar materia para el análisis; las especulaciones son como sueños o fantasías que solo alimentan el ego de los “pitonisos” que se creen los oráculos de la verdad.
Mientras las agencias estadounidenses encargadas de informar la verdad y el pronóstico de cada uno de los mexicanos encerrados o encarcelados por distintos y diversos delitos dan a conocer los avances de los procesos y las penas corporales que enfrentarán, los intelectuales de la especulación solo estarán en el supuesto de “descubrir el agua tibia”.
El destino de muchas personas incrustadas en el régimen político mexicano y, de alguna manera, el destino social depende del estado de ánimo del presidente de los Estados Unidos. Mientras se cumplen los tiempos y corren los trámites, tanto México como Estados Unidos viven un clima de tensión diplomática. Ambos representantes cuidan, hasta donde les es posible, sus declaraciones. La tensión entre ambos gobiernos no es para menos… menos cuando la idea de todos, y tal vez más de los mexicanos, sea la de ganar-ganar, no la de ganar-perder y mucho menos la de perder-perder.















