Por David Uriarte / 

Llegar a viejo es una delicia para unos, un suplicio para otros. Primero hay que aclarar el concepto de viejo, entendiendo que hay jóvenes viejos y viejos jóvenes. La inteligencia artificial (IA) señala que viejo es un adjetivo y sustantivo que se refiere a algo o alguien que tiene una edad avanzada, o a algo que existe desde hace mucho tiempo; y corajudo significa una persona que se enoja con mucha facilidad o que actúa con valor y resolución.

Desde la biología, el envejecimiento empieza a los treinta años de edad. En el hombre, el síndrome de testosterona baja empieza a los cuarenta años, con una disminución del uno por ciento anual en la producción testicular de testosterona; después de los sesenta años, la disminución aumenta al dos por ciento anual. En la mujer, la menopausia ronda los cuarenta y cinco años en promedio.

La diferencia entre los trastornos del estado de ánimo, como la depresión, es que las mujeres se dan más permiso de expresar sus sentimientos y emociones; los hombres, por su estructura cerebral y sus aprendizajes culturales, reprimen sus sentimientos y los transforman en impulsos, silencio o irritabilidad, ocasionalmente en conductas adictivas como el uso de alcohol, las ludopatías o aislamiento. Muchos hombres lloran en silencio, a escondidas; expresan su tristeza o su aplanamiento afectivo en soledad. Les da vergüenza que los vean, según ellos, “débiles”. Se vuelven unos actores del enfado y la irritabilidad, corajudos y gruñones.

La edad no significa depresión, significa la pérdida de algunas habilidades que a los cuarenta o cincuenta podían presumir. El desempeño sexual sufre una merma paulatina; la próstata cobra una factura vergonzosa para unos y amenazadora para otros; las habilidades cognitivas disminuyen. El miedo a la demencia forma parte de la rumiación propia de un hombre que se resiste a doblarse ante la mano del tiempo. La presunción de habilidades eróticas en la vejez forma parte del duelo; la negación es la primera expresión de la pérdida o carencia.

Viejos corajudos es la descripción conductual y anímica. Muchos no alcanzan a renegar porque las fuerzas se esfumaron; hoy viven presos de la voluntad ajena, son y no son. Tienen credencial de elector como documento de identificación legal, pero su identidad y sus logros quedaron dispersos en el pasado. El coraje es barato, a veces es compañía eterna del que busca la eternidad.