Por David Uriarte /
Muchos viven bajo el dominio del miedo; temen salir de sus casas y de sus empleos. Establecen rutas ‘peliculescas’, muestran un cuidado extremo en su seguridad y cargan con el título de ciudadanos comunes de clase media trabajadora. Aun así, el temor los acompaña: se recluyen temprano en sus domicilios, permanecen pendientes de las noticias y solo salen para lo indispensable tras cumplir con sus labores cotidianas. En este entorno, la paranoia y la imaginación tejen historias dignas de una película de acción.
Es posible que estos empresarios —ciudadanos tranquilos, trabajadores y responsables que cumplen con sus impuestos— posean un estilo de vida que solo les permite cubrir lo básico y sobrellevar las deudas propias de una clase media aspiracional, mientras se sumergen en un flujo de información sobre hechos criminales que rondan la periferia de sus colonias.
Cualquier ciudadano puede ser víctima de la delincuencia, de daños colaterales o de confusiones; sin embargo, el catálogo delictivo prefiere a empresarios, comerciantes, industriales y agricultores. El crimen busca a cualquier persona cuyo esfuerzo construya un patrimonio capaz de soportar las exigencias económicas de los delincuentes en casos de extorsión o rescate.
Para ser candidato a la extorsión se requiere dinero, aunque muchas veces estos perfiles poseen más deudas que capital: préstamos bancarios, bienes hipotecados, adeudos a proveedores, créditos fiscales o empresas que funcionan con números rojos debido a la crisis de inseguridad. No todos los empresarios pueden abandonar la ciudad en busca de un refugio seguro en otro municipio, estado o país. Enfrentar el día a día exige salir con la bendición familiar, tomar todas las precauciones posibles y rogar a un poder superior —sea uno creyente o no— que no ocurra ninguna tragedia.
Los microempresarios, o los pequeños y medianos empresarios, pertenecen a una categoría donde el riesgo es menor, lo cual no significa que sea inexistente. Los comerciantes o empresarios con negocios exitosos —entendiendo por éxito la solidez en sus activos— están ansiosos. Experimentan un miedo legítimo por sus vidas, su seguridad, su integridad física, sus bienes y la tranquilidad de sus familias. La percepción de seguridad la tiene aquel o aquellos que no tienen nada que les quiten y, aun así, pueden temer por sus vidas ¿cómo se sienten los empresarios? ¿Seguros y tranquilos?













