Por David Uriarte /
La polarización político-ideológica entre la población votante termina en conflictos estériles que no generan ganancias para el desarrollo humano. Estas confrontaciones no resuelven la pobreza ni mejoran los servicios públicos.
Lo ideal es buscar la igualdad mediante la equidad en el bienestar: que las personas en edad productiva trabajen y que las aspiraciones dependan del esfuerzo personal. Se trata de ayudar a quien menos tiene para que prospere, no de diluir la economía del que más posee para que todos tengan menos.
Casi todos los conflictos de este tipo desembocan en dos vertientes: el voto como unidad de medida para el éxito o fracaso político, y el ingreso per cápita como fuente de bienestar.
El gobierno en turno no necesita descubrir nada; sólo debe cumplir con la Constitución y proteger derechos fundamentales como la vida, la integridad, la seguridad, la salud, la educación, el trabajo, la paz y la dignidad de los gobernados.
Seguridad significa saber que el gobierno protege la vida; tranquilidad implica que un sistema de salud funcional atenderá las enfermedades; desarrollo es garantizar que los hijos reciban educación competitiva y accedan al mercado laboral.
El problema surge con los conflictos estériles: un sector reniega porque no se cumplen las expectativas sociales, mientras otro defiende con palabras lo que no ocurre en los hechos. Estas pugnas sólo dividen a la población y dejan intactos los problemas de fondo.
Las redes sociales funcionan como los mejores ‘tastes’ para competir por las creencias. Son las ideas de unos contra las de otros; al final, aunque la realidad se imponga, estas posturas producen grietas a veces irreparables.
De poco sirve tener la razón o contar con evidencia si la contraparte habita en el mundo del dogma y el radicalismo, incluso si es víctima de lo que defiende.
Si el ciudadano se siente seguro, tiene atención médica garantizada, cuenta con un sistema educativo competitivo y percibe un ingreso suficiente para una vida digna, entonces ¿para qué sirven los conflictos estériles?













