Por David Uriarte /
Parece el título de una película de acción, parece una frase de terapia psicológica, puede parecer muchas cosas. Lo cierto es que se refiere a lo que vive México, Sinaloa y Culiacán, de lo general a lo particular, de lo mundial a lo local, de lo político a lo familiar, de lo empresarial a lo prohibido, del dinero a la violencia, del dispendio a la huida, del exhibicionismo al destierro, de la complicidad a la soledad. En fin, lo que se siembra se cosecha. El tiempo es el lienzo donde las primeras pinceladas son distintas a la imagen final.
“Cuando el pasado te alcanza” se aplica a cualquier actividad, lícita o ilícita.
Aquel maestro estricto, lleno de sabiduría, ejemplo a seguir para sus alumnos, en algún momento se volverá un monumento a la decrepitud. La historia parece hablar de otra persona, distinta a la que hoy se ve.
Aquel médico famoso por su sabiduría y desempeño profesional hoy necesita que alguien lo asista en su silla de ruedas porque no puede mantenerse en pie, mucho menos curarse a sí mismo. El tiempo te alcanza y te rebasa.
Lo mismo les ocurre a los delincuentes de cualquier tipo. Ellos gozan eventualmente de los privilegios del dinero, compran voluntades, seguridad, complicidad, impunidad, glamour social.
Pueden ser motivo de envidia, ya que el poder económico les ofrece muchas oportunidades: viajes, mansiones, lujos, joyas, una vida “envidiable” para muchos.
Esto dura hasta que el pasado los alcanza y los extingue social y familiarmente, los recluye en una celda, o los exilia en la oscuridad, donde no llega la luz de la justicia ni las balas de la revancha o el cobro de cuentas pasadas.
A veces, el pasado los alcanza para quitarles la vida y entregarlos a la tierra en estuches de lujo que solo hablan del precio del pasado glamuroso.
Las cárceles y los panteones están llenos de figuras importantes y relevantes, personas que en su momento fueron iconos para muchos jóvenes, ejemplo de una inteligencia prodigiosa para el negocio fácil, donde la cuota es la vida de inocentes, enfermos, adictos, víctimas del placer superficial que esconde la muerte.
Cuando la delincuencia se atrinchera en las filas del poder gubernamental en turno, piensa en la eternidad de la protección, bloquea toda posibilidad de que la ley y la justicia la requieran, hasta que el pasado le cobra los intereses de una factura socialmente muy cara.
El dinero da poder, pero el poder se acaba cuando el pasado te alcanza.














