Por David Uriarte /
Hay muchas tareas pendientes cuando del poder político se trata. Los que ya se van tienen un interés disminuido y los que pretenden llegar tienen un interés aumentado, en tanto lo que buscan de manera legítima es la posición para sentirse realizados y cumplir con las tareas partidistas y de grupo.
Cualquier país busca prácticamente lo mismo para sus habitantes: seguridad, salud, educación y economía. Lo que cambia es la manera de obtener su objetivo. México también pretende ser un país seguro, promotor de un estilo de vida saludable, ejemplo de un sistema educativo competitivo y contar con una economía familiar suficiente.
¿En qué momento se perdió el rumbo? No es momento de buscar culpables, es momento de buscar soluciones, de enderezar el rumbo de un país cuyos esfuerzos aún no se traducen en beneficio social completo. No todo es aplaudir a la clase trabajadora; muchos mexicanos salen todos los días a trabajar, se esfuerzan, sudan la camiseta, trabajan jornadas extenuantes, sacrifican periodos vacacionales, se limitan de lujos, hacen lo posible por mejorar su nivel y calidad de vida y no lo consiguen. Por eso, no se trata de aplaudirles, se trata de ayudarles a conseguir lo básico para una vida digna.
Enderezar el rumbo en este sentido es la responsabilidad de aquellos hombres y mujeres interesados en obtener el voto de la sociedad que sigue esperando resultados positivos. Poco a poco se empiezan a observar los despliegues publicitarios velados, las acciones indirectas, las entrevistas solapadas y, eventualmente, actitudes claramente interesadas en obtener la simpatía social para obtener el triunfo en las urnas el próximo año.
Es totalmente válido que los partidos políticos y sus militantes busquen el acercamiento con el pueblo, lo que no es tan válido es que el pueblo siga con las mismas carencias. Lo primero que debe corregir cualquier régimen político es el tema de la seguridad pública: regresarles la paz y la tranquilidad a las familias. No importa cómo se llamen los programas o proyectos, lo que importa son los resultados.
En el tema de la seguridad pública, ¿qué plantearán los candidatos? ¿De veras podrán descubrir el agua tibia en este tema, o su carga de honestidad les hará decir -no sé- o prevalecerá el cinismo, evadiendo el tema y concentrándose en culpar al pasado? Enderezar el rumbo es tarea complicada, pero no imposible.















