Por David Uriarte / 

Existen innumerables cosas en el mundo que la mayoría de los humanos desconocemos. Hay niveles de secretos y categorías de silencios; no es igual el secreto que un abuelo o una pareja se lleva a la tumba, al secreto sobre armas de destrucción masiva cuyo alcance y letalidad la mente común ni siquiera imagina. Los mandatarios de potencias como Estados Unidos, China y Rusia compiten por la supremacía mundial; buscan el primer lugar en poder, dinero y control.

Estas naciones comparten sólo lo que les conviene y resguardan cosas inimaginables en la bodega del silencio. Estados Unidos planeó durante mucho tiempo el operativo de unos cuantos minutos para capturar y abatir al líder militante saudí y fundador de Al Qaeda, Osama bin Laden. Bajo esa misma línea de pensamiento primermundista, el país norteamericano proyectó por meses la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro; en cuestión de minutos neutralizó los radares militares, se apoderó de su objetivo y lo depositó en una cárcel de alta seguridad.

“Te lo digo Juana para que lo entiendas Chana”, este refrán aplica para los países y sus mandatarios que sostienen relaciones de diversos tipos. No todo se limita al comercio; el tráfico de indocumentados y de psicotrópicos también forma parte del inventario en la bodega del silencio. Existe información cuya secrecía permanece en el archivo oficial, aunque siempre surgen fugas. El empleado de primer o último nivel a veces no resiste las ganas de compartir datos privilegiados, sensibles o riesgosos; la información comienza a dispersarse desde la primera línea de confianza: la familia y la intimidad de los amigos. Así abandona su encierro la información de la bodega del silencio.

Al platicar con el técnico que prepara un cadáver para su conservación o con un médico legista que practica la autopsia de ley a víctimas de armas de fuego, surgen historias que la mente común jamás imagina. Estas bodegas del silencio guardan acontecimientos que esperan mejores momentos para nutrir la literatura o la novela negra. Si los servicios médicos forenses y las funerarias encierran tantos relatos, ¿qué ocultarán en su bodega del silencio las instituciones de defensa, seguridad pública, salud y seguridad aeroportuaria?