Por David Uriarte /
Como se dijo hace días, cambios y más cambios: es lo esperado. Trabajar con un equipo donde la confianza es la médula del descanso y el desempeño, el cumplimiento de las expectativas es el paradigma de cualquier servidor o servidora pública que enfrenta cualquier responsabilidad donde hay más de tres millones de personas observando.
Unos llegan y otros se despiden; el informe de gobierno está en puerta, los números danzan en búsqueda de justificaciones razonables y las comparaciones con el plan estatal buscan contrastar eficiencia y eficacia.
Las nuevas responsabilidades de los servidores públicos ponen a prueba más que la confianza con la titular del Ejecutivo: ponen a prueba su desempeño apegado a las políticas nacionales del partido en el poder. No se trata de personas, se trata del proyecto nacional.
Los acomodos esperados deben dar resultados desde el primer minuto; no hay tiempo para medir una curva de aprendizaje a largo plazo. Esto lo sabe quién hizo las designaciones. El nuevo jefe de la oficina de la gobernadora, Andrés Villarreal Ayala, es conocido por su trayectoria en medios, por su pluma aguda, sus oídos despejados y sus análisis, cuya profundidad habla del bagaje informativo de primera mano. Así como Andrés, las y los servidores públicos que han relevado y seguramente seguirán relevando espacios donde el desempeño es mucho más que burocrático: es un desempeño de compromiso institucional alineado con el grado de confianza que les confiere la gobernadora Graciela Domínguez.
El tiempo, de alguna manera, juega en contra. No es lo mismo un proyecto de seis años que un relevo por un año. En términos generales, hay que preparar dos informes, esperar una contienda electoral acalorada, medir los resultados, formar una comisión de transición y dar paso a la nueva estructura de gobierno, sea del mismo proyecto o de uno de oposición.
Los acomodos esperados son producto de análisis complejos; no solo lo político, lo técnico también es importante. Preparar una entrega y espulgar el desempeño de los relevos implica una tarea doble: cuidar el cumplimiento de objetivos y metas, evaluar necesariamente el desempeño de los que se van y transparentar cualquier ápice de duda o desconfianza de los gobernados.
Los acomodos deben dar sorpresas agradables a los ojos de la sociedad, al margen del 6 de junio de 2027.















