Por David Uriarte /
Definitivamente hay muchos temas interesantes, aunque muchos sigan pensando que la mejor nota es la relacionada con la política y los hechos que afectan al régimen.
¿Cuántos oficios están en vías de extinción por la llegada de las nuevas tecnologías? Uno de ellos es la relojería, ejercida por personas dedicadas al servicio preventivo y correctivo de relojes de pulsera. Hoy resulta más fácil desechar un reloj y comprar otro, sobre todo si se trata de modelos electrónicos, excepto en el caso de los relojes finos, cuyas marcas representan una ofensa para algunos y un lujo para otros.
Lo mismo ocurre cuando hablamos de cientos de trabajadores que ya superaron, por años de servicio o por edad, la fecha para jubilarse, pero permanecen enamorados de su trabajo, aunque no necesariamente de su remuneración o de su jefe. Para estas personas, el trabajo da sentido a su vida; no soportan la soledad ni la inactividad. Es todo un tema.
Las familias con un integrante que no puede valerse por sí mismo, cualquiera que sea la causa o la edad, enfrentan una realidad que solo comprende quien la vive o la conoce de cerca. Son condiciones que ponen a prueba el verdadero amor familiar. Las vacaciones o cualquier actividad que implique alejarse temporalmente del hogar suelen convertirse en tareas imposibles, porque el cuidado del ser querido ocupa el primer lugar.
Tener en casa, o ser familiar, conocido o amigo de un delincuente, es una condición poco presumible. Los padres suelen hablar con orgullo de sus hijos, y los hijos de sus padres. Es común escuchar frases como: “Mi papá trabaja en cierta empresa transnacional” o “Mi hijo sacó el primer lugar en la Olimpiada del Conocimiento en China”. En cambio, casi nadie presume tener un familiar en prisión, menos aun cuando enfrenta cargos por delitos graves, como homicidio doloso, secuestro, extorsión o violación. Tampoco se reconocen abiertamente las actividades ilícitas de un familiar. ¿A qué se dedica tu hijo? Es secuestrador. Esa respuesta difícilmente ocurrirá; el silencio o el encubrimiento suelen ser la reacción más común.
Mucho se habla de religión, espiritualidad, valores, ética, moral y buenas costumbres. Tal vez, en la misma proporción, también se habla de delincuentes, conductas antisociales, sociópatas, asesinos, ladrones, traficantes de drogas, personas con adicciones y comportamientos alejados de lo que esperan la familia y la sociedad.
Hay mucho de qué hablar, aunque los temas mediáticos casi siempre sean otros.















