Por David Uriarte /
Cuando aparecen los estudios de la felicidad, la primera duda es la metodología: ¿cómo se mide la felicidad? Hay estudios publicados que revelan el índice de felicidad de algunos países. Según este estudio, los cinco países más felices son Finlandia, Islandia, Dinamarca, Costa Rica y Suecia; México ocupa el lugar doce y España, el puesto cuarenta y uno. En este estudio se miden el PIB per cápita, el apoyo social, la esperanza de vida saludable, la libertad para tomar decisiones, la generosidad y la percepción de la corrupción.
Eduardo Punset fue un escritor, político, divulgador científico, presentador televisivo y economista español, definió la felicidad como la ausencia de miedo. Si el miedo es un obstáculo para ser feliz, entonces, ¿cuándo verán la felicidad aquellas personas sumidas en el miedo crónico? Miedo a perder la vida, miedo a ser extorsionado, miedo a perder el patrimonio, miedo a perder la salud física y/o mental, miedo a perder el trabajo, miedo a la pérdida.
Perder es fácil y no siempre depende de la persona como tal. Perder la vida a manos de criminales es condición prevalente en ciertos lugares; perder el patrimonio acumulado con el esfuerzo del trabajo durante años mantiene con miedo a los trabajadores que pensaron vivir felices y estables los últimos años de su existencia. Aunque no se puede generalizar, las pérdidas producen miedo y con miedo no se puede vivir feliz.
Muchos estudiantes tienen miedo de terminar su carrera al saber o pensar en la pobreza de oportunidades; muchos jóvenes tienen miedo de iniciar una vida en pareja al conocer la prevalencia de separaciones; muchas parejas tienen miedo a la maternidad y/o paternidad al conocer los múltiples problemas del neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista o el déficit de atención; muchos comerciantes o empresarios exitosos tienen miedo al secuestro o la extorsión; incluso muchas familias tienen miedo de vivir donde viven por la dudosa actividad de sus vecinos y otros por la certeza de sus actividades. Mientras tanto, el miedo sigue siendo la obstrucción a la felicidad legítima y plena de cualquier humano.
La ventana de oportunidad para cualquier orden de gobierno es la construcción de seguridad, de paz, tranquilidad y bienestar más allá del discurso; espacios habitacionales y públicos donde el miedo deje de acosar a los habitantes.
Miedo es el enemigo, seguridad, la mejor amistad.















