Por David Uriarte /
No se trata de gastar, se trata de disfrutar, de invertir el tiempo en el ocio —el tiempo libre que una persona dedica a actividades voluntarias, distintas de sus obligaciones laborales o tareas domésticas, con el fin de descansar, divertirse o desarrollarse personalmente—.
Hay personas a quienes se les dificulta entender que tienen derecho a no hacer nada, a descansar, a dejar las preocupaciones de la vida diaria y mantenerse en plena abstracción del ocio. Para muchos, vacacionar tiene que ver con distancias, aviones, reservas de hoteles o Airbnb, uso de tarjetas de crédito, préstamos, empeños, ahorros o molestias de hospedaje con familiares o amigos.
Existen opciones locales, de corta distancia, de mar, costa, ciudad y sierra, todo en el mismo municipio o a no más de dos horas de distancia. Es increíble cómo hay familias que no conocen ni visitan el parque zoológico de Culiacán, las aguas termales de la sindicatura de Imala, el parque Acuático o el parque Las Riberas, el espacio público, recreativo y sustentable más importante de Culiacán, sólo por mencionar algunos lugares icónicos de la capital sinaloense.
En Culiacán vive la tercera parte de los habitantes del estado; es un municipio que puede recibir miles de visitantes de otros municipios, una opción real en tiempos en que la libertad financiera puede estar comprometida.
Hay muchas opciones en el propio estado o municipio; lo que hace falta es tener conciencia de cuál es el objetivo de las vacaciones: ¿se trata de gastar o de conocer y disfrutar? Niños, adolescentes y adultos pueden recorrer la geografía local, conocer lugares y su historia sin las esperas estresantes en los aeropuertos ni las tensiones propias de viajar largas distancias y pernoctar en el camino.
Es cuestión de querer, de tener conciencia y sembrar en los hijos la semilla del regionalismo, de conocer y valorar lo que se tiene. ¿Cómo es posible que los extranjeros vengan a nuestra ciudad y admiren lo que para nosotros es cotidiano? Hay turistas que viajan miles de kilómetros para conocer la Capilla de Malverde, el templo de La Lomita, la catedral de Culiacán, el santuario, las aguas termales de Imala, pueblos como El Salado y Tacuichamona.
La historia tiene una bodega abundante de opciones citadinas; solo hay que cambiar la mentalidad del vacacionista.















