Por David Uriarte / 

Por supuesto, hay un solo México. La división territorial o geográfica de cada entidad representa la autonomía de una federación; cada municipio es autónomo. Ese no es el tema, el tema es la autopercepción de seguridad, dependiendo de dónde se encuentre la persona. La autopercepción es distinta en Mérida, Yucatán; distinta en La Paz, Baja California Sur; distinta en la ciudad de Zacatecas, Zacatecas, y distinta en Culiacán, como distinta es en los municipios de Badiraguato, Escuinapa o Guasave, en Sinaloa.

La autopercepción de seguridad corresponde a dos variables: las experiencias propias y los acontecimientos constitutivos de delitos de alto impacto que la propia sociedad da a conocer a través de redes sociales o de los medios informativos tradicionales, como prensa, radio y televisión, así como de medios digitales, como portales informativos.

Es un solo México, con más de ciento treinta millones de habitantes, con miles de familias que se pueden clasificar en tres grupos: las familias que están contentas o a gusto con la seguridad de su entorno; las familias que viven con miedo por el grado de vulnerabilidad de la seguridad personal o de su entorno, y las familias víctimas de experiencias fatales, traumáticas, donde la palabra seguridad se convirtió, evidentemente, en inseguridad.

Como dice el adagio: “No te toca hasta que te toca”. Hay partes de México, ciudades, lugares o espacios de convivencia social donde casi todos los días corre la noticia, temprano, en la tarde o a medianoche, de tragedias de todo tipo. Claro, también hay partes en todo el mundo donde la historia es la misma; no significa que México sea el único país atropellado por la ola de violencia.

De frontera a frontera, de la sierra a la costa, el espacio físico llamado México vive tragedias, así como vive y experimenta alegrías. El bienestar y la felicidad son estados psicoemocionales esperados; la aspiración de cualquier mortal con salud mental incluye ser feliz. Este paradigma se fractura en algunas mentes enfermas, violentas, agresivas y sociópatas, lo que da origen a conductas delictivas y construye un México que nadie quiere, un México diferente, un México bañado con las gotas del dolor, el sufrimiento y la tristeza.

Algunas familias mexicanas forman parte de la estadística oscura y triste; otras forman parte de las familias confiadas en un México blanco, seguro, saludable y próspero.