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Por David Uriarte / 

La salud mental se ve bombardeada todos los días con tantas noticias negras. Esto no significa que las noticias blancas estén extinguidas.

Las noticias trágicas parecen tener una influencia magnética en el ser humano, por su impacto en la vida, por tratarse de casos donde la forma de perder la vida o de atentar contra ella produce una especie de empatía cognitiva y emocional.

La persona trata de entender, desde su perspectiva e imaginación, el significado del riesgo de perder la vida y las consecuencias traumáticas en los seres queridos que lloran la ausencia definitiva o la incertidumbre de no saber el destino final, como en el caso de los desaparecidos.

Las notas difíciles de leer y más difíciles de asimilar son aquellas donde la evidencia no deja duda a la imaginación, donde el dolor y el sufrimiento, a través de la tortura, marcaron el final de la persona y el principio de un duelo difícil de superar para amigos, conocidos, familiares e incluso la sociedad.

Esconder la información no borra el problema cuando se trata de agresiones, violencia o cualquier expresión constitutiva de delito que atenta contra la vida, la paz, la seguridad, la integridad o el patrimonio familiar.

La nota nacional es, sin duda, la separación del cargo de la titular del Instituto Nacional Electoral; la nota local, la desaparición del sacerdote católico. En este caso, ¡qué bueno que regresó!

Todo indica que la vida del sacerdote de la comunidad cristiana de La Campiña, en Culiacán, está a salvo. Medios de información, elementos de investigación, curiosos y parte de la comunidad católica de esa parroquia se encontraban a las afueras de la iglesia el día de hoy, a media mañana.

Lo mejor serían noticias blancas, noticias de aliento social, noticias donde la ciencia diera cuenta de sus avances en las investigaciones para recobrar la salud de tantas personas que sufren enfermedades clasificadas hasta el día de hoy como incurables, incapacitantes o mortales a corto o mediano plazo.

¡Qué bueno que regresó! Es la frase que sella el buen pronóstico de un suceso cuyo desenlace pudo ser la desgracia.

Lamentablemente, no siempre se puede exclamar esta frase. Con frecuencia, por no decir todos los días, las noticias negras exhiben escenas grotescas, indescriptibles para el ojo sano e irresistibles para cualquier familia víctima de experiencias irreparables. Qué bueno que regresó.

¿Y los que no?